Por alguna extraña razón, siempre que nos decían de pequeñas que la belleza está en el interior era para justificar que un señor desagradable a la vista y con una actitud horrible, seguro que en el fondo era buena gente, y por eso merecía una, dos y cien oportunidades si era necesario. Mientras a nosotras nos explicaban la depilación con aquel “para presumir hay que sufrir”, ya nos había calado bien aquel mensaje de La Bella y la Bestia, aquello de que si crees que te trata mal es porque no sabes ver el sufrimiento que hay detrás.
Realmente creo que lo importante de las personas no está a la vista, o no a simple vista más bien. Porque las actitudes se ven, la bondad, la generosidad, son fácilmente visibles. Pero hay algo que creo que nadie me explicó y ahora me coge totalmente por sorpresa.

En un momento en que la sexualidad es un espectro (como lo fue siempre, pero ahora se sabe y se pone nombre a las cosas), hay momentos en que no sé ya con cuantas siglas me siento representada.
Resulta que, para mí, aquello de que la belleza no está en el interior, ha pasado a otro nivel. Porque no es que ese señor malhumorado y barrigudo merezca mi reconocimiento; ahora significa otra cosa más real, ahora un señor es capaz de hablarme sobre la historia de mi país sin titubear, de dar un speech sobre la literatura actual, me hace un análisis político sobre algo que, a priori, parece absurdo y saca una conclusión compleja y yo de pronto lo veo tan sexy…

No os hablo de hombres que dan chapas, de señores que te dan lecciones vitales o te explican cosas que ya sabes. No. Te hablo de hombres con la capacidad de apasionarse en una conversación, de sonreír con la mirada al recordar las novelas que leía en su primera juventud, de buscar una explicación lógica a un acontecimiento actual con un origen histórico relacionado.
Hablo de implicación moral, de cultura general elevada al interés real, de conocimientos adquiridos por voluntad propia.
Pues que de pronto ese chico que conocí que no me llamó la atención en un principio, se pone a hablar de curiosidades sobre la Primera Guerra Mundial y yo, no sé en qué momento, le veo un no sé qué que antes no le veía.
Pero es que, si a todo esto se le añade la capacidad de transmitir y eso ya lleva la palabra “Sexy” a otro significado mayor. ¿Cuántas mujeres me han dicho en los últimos meses lo guapo que ven de pronto a Gabriel Rufián? ¿Es por la erótica de las canas masculinas? Puede ser. Pero creo que más bien tiene que ver con que concuerde con tus creencias y sepa transmitirlo y defenderlo de una forma cínicamente inteligente.

Esto si hablamos de oradores, pero yo todavía lo quiero llevar un poco más allá, porque todo esto que os cuento no es una reflexión que haya llegado de la nada. Esta reflexión viene de que, a mi edad y felizmente casada, me ha dado un crush muy fuerte con un hombre que, objetivamente, no hubiera dicho jamás que era atractivo. Le vi desde el principio cierto parecido a mi suegro. Pero entonces empecé a leer sus libros, llenos de sensibilidad y actos macabros, de cultura popular y de intriga, de calidez y de desasosiego.
De pronto veo en él a un hombre realmente atractivo. ¿Cómo es posible? ¿Cómo la mente distorsiona tanto tu percepción para ver algo que claramente no existía para ti? Con esto no quiero decir en absoluto que no sea un hombre objetivamente guapo, digo que no entraría en absoluto dentro de mis gustos antes de saber cómo piensa, cómo puede desarrollar una historia, cómo se apasiona con su trabajo y con qué sencillez habla de cosas tan complejas.
Así que no, la belleza no está en el interior, pero ante un hombre inteligente, no hay Bestia a la que no se le caiga la maldición para mí.
Es por esto que cada día estoy más enamorada de mi marido y también por eso cada día mi estantería de libros está más abarrotada, porque los amores platónicos no son sólo para grupis adolescentes.
Luna Purple.