Cada vez estoy más convencida de que la gente que lleva muchos años en pareja vive en una realidad paralela.
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Y te prometo que no no tengo envidia o resentimiento. Mi observación nace de la curiosidad, de la confusión, de la incomprensión y de lo mucho que valoro no oler pedos de nadie.
Ellos viven en un mundo a parte, hay experiencias que simplemente han desaparecido de sus vidas. Yo que sé: Por ejemplo, rascarse la espalda.
¿Sabes cuando te pica justo ese huequito al que no llegas ni con la mano derecha ni con la izquierda?. Que yo siempre me pregunto ¿Qué no me puede picar donde si me llego a rascar joe? Las personas con pareja no viven esa angustia, las personas con pareja tienen una solución inmediata: «Cariño, ¿me rascas aquí?» y SO.LU.CIO.NA.DO.
Los solteros tenemos que restregarnos contra el marco de una puerta como si fuéramos Balú.
Lo mismo pasa con las cremalleras de los vestidos. La gente con pareja no sabe lo que es quedarse atrapada diez minutos intentando cerrar un vestido por detrás mientras se plantea seriamente acudir a una boda con el culín al aire. O ponértelo al revés y que al girarlo las tetas se te queden de bufanda…
Tampoco saben lo que es querer ir a ver una película que nadie quiere ver y empezar una campaña electoral para convencer a amigos, compañeros de trabajo y familiares.
Yo acabo yendo sola, que tampoco está tan mal también lo digo…palomitas en cubos separados y paz en casa de todos.
Ellos se tiran pedos y se ríen en grupo, se huelen los pedos los unos a los otros… mi no entender.

Luego está Tinder: La gente con pareja habla de Tinder como quien habla de la EGB. Con nostalgia y sin tener ni idea de cómo está el panorama actualmente. Spoiler: MUY MAL.
Si hablar con cincuenta personas para que te encaje una ya es complicado imagina que encima esa una te encaje de verdad…es prácticamente un milagro reconocido por el Vaticano.
Y después están las pequeñas tragedias cotidianas: Tener gripe sola, intentar mover un mueble sola, abrir un bote sola, llegar a la oficina con dos pinzas de tender todavía colgadas de la camisa porque tu brillante sistema para no planchar ha funcionado y nadie te ha visto salir de casa…
Pero también te digo una cosa: nosotros no discutimos por quién friega los platos, no negociamos qué serie ver, no compartimos manta con alguien que tira el tejado abajo a ronquidos.
Vivimos en realidades paralelas. ¡Nosotros somos más fuertes, podemos con todo, somos unos supervivientes!
Lo que no me gusta es que muchas veces quienes llevan años en pareja olvidan que la nuestra existe y curiosamente suelen opinar bastante sobre ella.
Porque si eres una mujer de treinta y dos años que vive sola por decisión propia, para mucha gente eres una rara, una exigente o una desesperada en fase de negación.
Sin embargo, si eres un hombre de treinta y dos años que vive exactamente igual, eres un espíritu libre que está disfrutando de la vida.
Por eso tengo muy claro que la gente con pareja estable vive en una realidad paralela, y sí, los solteros también.
La diferencia es que nosotros sabemos que la otra existe.