El mensaje lo mandé a las ocho y doce de la mañana, con el móvil apoyado en la mesilla y un ojo aún medio cerrado.

Dije que había pasado mala noche, que había pillado esta gripe que tiene todo el mundo y que no iba a poder ir.

Mi jefa me contestó “cuídate”. Seca, sin más.

Yo tampoco necesitaba florituras, porque no estaba enferma, pero lo de la mala noche no era del todo mentira

Llevábamos varias semanas con una carga de trabajo tremenda. Estaba cansada. Mentalmente agotada. Saturada de urgencias, reuniones y comunicados que podrían haber sido un correo.

Volví a cerrar los ojos tranquila. Mi plan era dormir hasta tarde, descansar y por la noche, concierto. 

Tenía la entrada desde hacía meses, había pensado en pedirme ese día libre, pero cuando vi la oleada de faena que se nos vino encima, supe que era imposible. Así que decidí tener la falsa gripe, que en realidad era supervivencia emocional. 

Me arreglé lo justo, nada exagerado. Quedé con dos amigos para encontrarnos en el concierto, hicimos poca cola y nos fuimos hacia la barra. 

Estaban tocando los teloneros y el recinto estaba bastante lleno. Un ambiente chulo, con luces, cerveza cara y la libertad que llevaba tiempo necesitando. Estaba pagando la primera ronda con mis amigos cuando me giré y la vi. 

Fue de reojo, muy rápido. Pero supe que era ella y creí que ella también me había visto. Se me heló la sangre, pero reaccioné natural, me giré hacia mis amigos y me alejé como si no tuviera prisa.  

Estuve todo el concierto del telonero en alerta. ¿Me había visto? ¿Me había reconocido? No estaba segura, todo había sido muy rápido. Quería creer que no, pero no podía saberlo. ¿Me iban a despedir? ¿Podían si quiera?

Me monté una película mental dónde le explicaba que había mejorado de la mañana a la noche. Al fin y al cabo, el concierto no era en horario laboral. Pero no sonaba creíble. Estaba hasta el cuello. Quizás se enteraban mis compañeros de trabajo y me crucificaban.

No pude estar tranquila. 

Pensé en adelantarme. Como ella tampoco podía saber si la había visto, quizás podía ir al día siguiente, solicitar una reunión con ella y explicarle que mi “gripe” en realidad no existía pero que necesitaba ese día por motivos personales.

Mis amigos me sacaron del letargo y me pidieron que dejara de preocuparme, que intentase disfrutar y me preocupase de eso al día siguiente. 

Disfruté como pude, mirando hacia los lados con cuidado y al acabar me fui a casa. 

Al día siguiente estaba tensísima.  No me había decidido, no sabía si hablar con ella o no, disimular o afrontarlo, huir o confrontar. Pero dio igual, porque a la hora y poco de llegar, me citó en su despacho. 

Me hizo la típica de “supongo que ya sabes por qué te he hecho venir”.

Ahí ya estuve acorralada. Podría haberme hecho la loca, pero lo estaba pasando tan mal que empezó mi verborrea. 

Le expliqué lo saturada que estaba, que no podía más y que sentía que no tenía derecho a no ir a trabajar por burnout. Que necesitaba un día de respiro y se me ocurrió lo de la gripe. Que lo sentía, que no quería mentir. Y que el concierto estaba en mis planes habiendo trabajado o no. 

Ella me dejó hablar y soltarlo todo, me escuchó sin decir nada. Para después decirme que ya venía notando que estoy quemada. Que me ve amargada trabajando y que entiende que llevamos un tiempo que no damos abasto. 

Me explicó que cuando me vio, al principio se enfadó y pensó en muchas opciones para afrontar esto, pero que después recordó lo anterior y empatizó con mi agobio. 

Después de un rato de charla, me pidió que no mintiera más y me insistió en que si volvía a estar saturada, se lo dijera y ella intentaba ajustar los tiempos y darme el día libre.

Me pilló tan por sorpresa que me puse a llorar. 

Estuvimos un rato más comentando algunos detalles y salí nueva de allí. 

Desde entonces, voy a trabajar más tranquila y encajo mejor las rachas con más trabajo. Saber que tengo la posibilidad de hablar con ella y mejorar la situación me da mucha tranquilidad.

No quiero justificar la mentira de la gripe, porque sé que estuvo mal y más ahora sabiendo que podía hablar con ella. Pero gracias a irme a ese concierto, ha mejorado todo.

 

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