En enero es inevitable hacerlo, tenemos ante nosotras doce nuevos mesazos y da la impresión de que estamos casi obligadas a reescribir nuestras vidas como si lo que hubiésemos hecho hasta ahora no estuviera del todo bien.

Se terminan las fiestas, los atracones de turrón y comidas varias, las cenas y quedadas que nos apetecían más o menos, y mientras volvemos a meter el maldito árbol en su caja ya estamos dándole vueltas a la cabeza proponiéndonos cambiar en todo aquello que no nos gusta. Que hay peña que prefiere informar al mundo de sus objetivos pero otras, como aquí una servidora, se lo dicen para sus adentros como sabiendo de entrada que el cumplir podría ser… o no.

Es probable que suene a negatividad o a una total falta de compromiso conmigo misma, pero yo este año me he marcado una lista inversa. Yes! Casi casi por cada adorno que he arrancado con ganas de las ramas del abeto de pega de mi salón, he pensado en algo, en un hecho, que sé que llegado diciembre continuará como hasta ahora. Detalles que, me gusten o no, son ya clásicos. Empezaré el año sin engañarme, pues eso que me quedo.

No, este año tampoco iré al gimnasio.

Como el 90% del mundo, todas alguna vez nos plantamos en enero con nuestros excesos navideños en la recepción de un gimnasio dispuestas a olvidar nuestra vida sedentaria. Nos damos de alta, pagamos, y en febrero ya estamos buscando excusas para no ir a correr sobre la cinta. Ya no digamos en marzo, ni excusas ni leches en vinagre, ¿el gimnasio? JA JA.

Y tampoco haré dieta.

Claro que no, porque el universo de las dietas ya no me engaña. ¿Este año bajaré de peso? Pues quizás, quién sabe. Pero puedo afirmar tajante que no será gracias a una dieta que me imponga los gramos que puedo o no puedo comer. Stop vendernos dietas milagro que solo consiguen ponernos de mala leche. Hola aprender a comer sano y variado.

Por supuesto que no, no tendré otro hijo.

Estoy en ese momento vital en el que a mi alrededor las mujeres se embarazan de tres en tres. Si hace un par de años tenía la agenda a tope de bodas, ahora los bautizos y las fiestas del bebé son las que reinan. Y como no podía ser de otra manera, unas se quedan embarazadas y a las demás nos cae la pregunta de marras ‘¿no os animáis a tener otro?‘. No, N-O. Si ya lo expliqué en su día, la bimaternidad no es para mí y no pasa nada.

Y ahorrar pues tampoco ahorraré ni un céntimo.

Ese bote de cristal decorando la entrada de mi casa que versa con cariño ‘para las vacaciones‘. Esa tierna y entrañable idea que jamás nos ha funcionado entre otras cosas porque somos autónomos y no tenemos tiempo para irnos a ninguna parte. No ahorraremos en ese botecillo – que al final siempre nos sirve para conseguir cambio – ni en ningún otro lado. Es una realidad que dejé de proponerme en el momento que veía que a 31 de enero ya iba apretada, y el resto de meses, pues más de lo mismo.

Me seguiré mordiendo las uñas.

Vamos, esto por descontado. Hace ya muchos años una colega con la misma obsesión me propuso dejarlo a la vez. Así como quien deja de fumar pero con el vicio en tus manos. Todas las semanas nos mirábamos los dedos la una a la otra y terminamos dándonos cuenta de que aquel propósito de año nuevo tenía cero sentido. Quizás no sea lo más estético del mundo, pero es lo que hay.

Y me olvidaré de aprender de mis errores.

Siempre que la cagamos acabamos pensando aquello de que al menos hemos aprendido la lección. Es una manera más de consolarnos ante las adversidades de la vida. Pero es que año a año, al menos por mi parte, soy consciente de que eso de tropezar una y otra vez en la misma piedra es lo mío. La cago y cuando hago balance me doy cuenta de que aquello ya me había pasado más veces. Ya está, no aprendo o no quiero aprender, debo ser masoca.

Pero, por supuesto, disfrutaré de estos doce meses todo lo que pueda.

Si lo piensas da un poco de vértigo. Nunca sabemos lo que nos depara el futuro. Si hace un año me hubieran contado todo lo que se vendría esos trescientos sesenta y cinco días, creo que en muchos momentos hubiera preferido no levantarme de la cama. Pero así de maravillosa es la vida, impredecible a pesar de todo. Al final lo suyo es que intentemos hacer de cada día o de cada época algo que nos guste, sea con buenos propósitos o sin ellos. Lo que venga después, está todavía por escribir.

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