La Gala de entrega de los premios Goya siempre es un eventazo. Aunque, como aquí yo misma, no hayas podido visionar todavía ninguna de las películas nominadas a los diferentes galardones, siempre es bueno estar al día en eso que a mí me gusta llamar la socialité del cine español.

Una fiesta del cine marcada ante todo por lo alegatos feministas cuando, curiosa y tristemente, creo que hemos estado ante una de sus ediciones más falocéntricas. Por fortuna no fueron pocas las premiadas que dedicaron una parte de su discurso de agradecimiento a destacar la preocupante situación, sin embargo ellos prodigaron el mutismo más absoluto.

Comenzando por una alfombra roja de autoridades masculinas en su totalidad. Porque ¿para qué contar en una fotografía oficial con presencia o representación femenina? Ellos se lo guisan y se lo comen solitos según parece. Es difícil de creer que en pleno 2020 la cultura española no cuente en su esfera política con ninguna mujer, entre otras cosas porque no es cierto, pero parece que a las galas mejor solo ellos.

Les sobraba elegancia y les faltaba representación femenina.

Faltó reivindicación, como ya os decía, aunque algunas lo intentaron. La maravillosa Silvia Abril, copresentadora de esta edición, se marcó un grandiosísimo sketch en el que Súper Silvia nos mostraba sus súper poderes. ‘Soy invisible, ¿cómo no lo voy a ser? Soy actriz en España después de los 40‘, decía con humor mientras la inmensa pantalla parecía venírsele encima. ‘Que si soy la señora de, que si me expreso en mi lengua materna…‘ enumeraba una tras otra las críticas más habituales en su día a día. La actriz llegó a regalarnos un baile al más puro estilo Beyoncè terminando con un ‘¡Ole mi chocho moreno!

La humorista no dejó a un lado la denuncia feminista en otro de los momentos de la noche cuando, imitando a una vendedora ambulante, ofertaba ‘neveras portátiles para congelar tus óvulos, porque puedes llegar a todo si te organizas‘. Qué hartas estamos de escuchar (micro)machismos de este nivelazo, y lo que nos queda visto lo visto.

Pero sin lugar a dudas uno de los instantes más comentados de la noche lo protagonizó el actor Enric Auquer. Recogía emocionado su Goya como actor revelación y tras un buen listado de agradecimientos y recuerdos no dudó en dedicar su premio en último lugar a ‘todas las antifascistas del mundo‘. Recordaba así a Leticia Dolera tras su discurso en los pasados Premios Feroz y también encendía las redes puesto que no fueron pocos los que en lugar de ‘antifascistas’ creyeron escuchar ‘satisfayistas‘. Una fantasía hubiera sido dedicar un Goya a todas las que se lo gozan con el Satisfyer, ya lo digo.

Tan solo una mujer, la directora Belén Funes, se subió al escenario como ganadora del premio a mejor directora novel. Miriam Porté solicitaba en sus palabras ante el micrófono ‘a quienes tengan en mano revertir esta situación, que lo hagan por favor‘ aludiendo a la falta de presencia femenina entre los profesionales destacados de la noche.

De las palabras que más conmovieron durante la noche, las de la premiada Irene Moray, ganadora por su cortometraje ‘Suc de síndria‘. Habló de abusos, de violación y dedicó su Goya a todas las supervivientes que tienen derecho a hacer ruido, a disfrutar de la vida, de su cuerpo, a correrse y a ser quien ellas quieran ser. Tras ésto llegaron las barbaridades online, pero si hay que silenciar algo, que sean los tweets machistas de los machirulos indignaditos.

Pedro Almodóvar tomó la palabra en diferentes ocasiones y aprovechó una de ellas para recordar cómo su madre y las mujeres de su época hacían la colada. Llamadme extremista si queréis, pero aprovechar un espacio como este para resaltar un detalle tan estereotipado me apesta a rancio por todas partes.

Penélope Cruz fue la encargada de dar vida a la madre de toda esta historia.

Se acercaba el final de la Gala cuando Silvia Abril volvía a lanzarla con sorna pero sobrada de razón: ‘Ya solo nos queda por saber quién es el mejor director o director‘. Cero mujeres nominadas a mejor dirección, pero ojo, al menos el de mejor actriz no se lo han dado a un hombre…

Pueden ser meros detalles o bien significar mucho más de lo que pensamos, pero francamente la 34º Gala de los Premios Goya no se aprovechó en absoluto como pudimos ver en otras ocasiones. Terminó la retransmisión y muchas notamos ese sentimiento de que culturalmente volvemos a ensalzarlos solo a ellos. A nosotras parece quedarnos el papel de ir monas y aguantar el chaparrón de críticas por no haber elegido el modelito adecuado. Es esa sensación de que la lucha feminista en ese escenario se ha silenciado o ha mermado sin motivo aparente.

Quizás de aquí en un año las cosas cambien una vez más o nos puedan volver a decir aquello de ‘qué pesaditas os ponéis con el feminismo en estas galas…

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