Llevo ya más de cuatro años yendo al mismo gimnasio, y hace por lo menos uno y medio que Simón y yo coincidimos en el mismo horario. Nunca habíamos hablado mucho más que lo básico, hasta la cena de navidad que se hizo este último año en la que nos tocó sentarnos al lado. La verdad es que es un chico divertido, e hizo la cena muy amena para todos los que estábamos sentados alrededor. Hasta ahí todo bien. 

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Después de cenar unos cuántos fuimos a tomar una copa, incluído él. Unos bailes y unas risas pero todo bien. 

Pero todo cambió a partir de ese día en el gimnasio. Cada vez que coincidía en clase con él, tenía un comentario diferente para mí. 

-Lo estás haciendo súper bien, no es fácil mover ese peso. 

Le di las gracias y le sonreí un poco incrédula ante el comentario. 

-Es que tienes unas curvas increíbles, en serio. Ese cuerpo no lo tiene cualquiera. Sonrisa incómoda. Tenía que haberme dado cuenta de que era un halago demasiado específico. Pero de nuevo, nerviosa le di las gracias. A partir de ahí empezó a convertirse en algo habitual. No cambies nunca, estás perfecta así. Me encanta como se te mueve todo en la cita, es hipnótico. Tienes un culo perfecto, de verdad, súper natural. Lo decía con una sonrisa casi tierna y lo peor de todo esto, es que una parte de mí, lo agradecía, porque llevaba años escuchando lo contrario. Comentarios disfrazados de preocupación y consejos que nadie había pedido. Y de repente llega Simón, seguro de sí mismo y decidido, como si yo fuese exactamente lo que quiere. 

Así que un día al terminar la clase me invitó a tomar algo en un bar cerca de allí, y le dije que sí. Todo iba bien. Demasiado bien. Hasta que dijo: 

A mí es que me gustan las chicas grandes. Como tú. De hecho, tú estás muy bien pero…un puntito más, es otro nivel ya. 

De repente me di cuenta de lo estúpida que había sido. No era una persona validando mi cuerpo, era otra vez el patrón que se repetía (esta vez a la inversa) una y otra vez, de alguien intentando que yo cambiase para encajar en su deseo. 

Entonces le pregunté directamente: 

Pero…¿te gusto yo, o la idea de que engorde? 

-¿Es un poco lo mismo, no? 

-No, no es lo mismo. Me levanté, pagué mi parte y me fui. 

Al día siguiente, como si no hubiera pasado nada se acercó a mi. Estás increíble hoy. Me dio TANTA grima. Sin mirarle, me cambié de zona y seguí a lo mío. Ya no necesitaba validación y sobre todo no quería que ese ser tuviera nada que ver conmigo.