“Haz una lista de bodas, es lo más cómodo”. 

“A mi es que lo de dar un sobre no me gusta”. 

“Oye pero pon el número de cuenta en la invitación y ya está”. 

Cuando le comentaba las inquietudes de mi boda a mis amigas siempre me comentaban esto. Y lo siento, quien quiera dar dinero que de un sobre o haga un bizum, pero me parece una horterada monumental poner número de cuenta en una invitación como si fuese el pago por la invitación. 

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Al final tuve que decantarme por la lista de bodas, ya que cuando comenzaron a llegar las invitaciones hubo muchos comentarios “sobre el número de cuenta”. Y mira, yo tampoco quería tener que declarar tanta pasta. 

Fuimos a unos grandes almacenes muy conocidos y muy extendidos por España para que nos asesorasen. Al parecer (que desconocía completamente), recomendaban poner productos baratos, intermedios y caros. Así si muchas personas elegían los baratos, decían que seguían disponibles y nadie los había pedido. Con la suma de todos los regalos baratos, daba para el regalo grande. Pues mira, fue una buena idea.

Lo peor de todo es que realmente “lo teníamos todo”. Llevábamos años viviendo juntos en un piso de sus padres, por lo que lo que nos ahorrábamos de alquiler, lo invertíamos en reformar, comprar muebles, alguna tontería de decoración… 

Total que la fecha se acercaba y muchas personas no paraban de insistir. De cosas baratas decidimos una cafetera, una super batidora, la plancha de cocinar… de intermedias pusimos las típicas cajas de fin de semana para canjear, un lote de embutidos bueno… y ya de caras metimos una TV de 64”, la Play, la Dyson… 

Cual fue nuestra sorpresa… que muchas personas vieron la lista de bodas, pero decidieron que era mejor comprar el regalo y traérnoslo personalmente. Porque claro, “estaba bien de precio y una cosa sola…”, “así tenéis el juego completo, que seguro que os regalan lo demás”… y más joyas así. De verdad, no entiendo para que hicimos una lista de bodas, si se suponía que eso no podía pasar. 

Bueno, nos quedamos con uno de cada y vamos a devolver el resto y que nos den el dinero. Error. Tarjeta regalo. ¿Pero que vamos a querer ahora de 500€ si ya tenemos todo lo grande?. 

Estuvimos más de un año con la tarjeta bajo llave para que no se perdiese. Nos habían regalado también varias cajitas de las de fin de semana, aunque eso no era un problema porque las invertíamos bien, por lo que gastarlo en la opción de viajes que tenían en el comercio no nos acababa de convencer. Por suerte no caducaba. 

Hasta que a mi marido le llegó la cesta de navidad y el jamón estaba más malo que el hambre. 

– ¿Cogemos uno con la tarjeta regalo? 

– Venga va, uno bueno pero de precio coherente. 

Cuando se acabó el jamón… 

– ¿Oye y si cogemos otro? 

– La duda ofende.

Con la tontería llevamos 5 jamones. Al final no hay mal que por bien no venga, a pesar de llegar a tener nuestra casa llena de cajas de batidoras, planchas de cocina y cafeteras, el cambio nos salió muy beneficioso. Cada vez que alguien nos regala algo de ese comercio y no nos interesa, sumamos la devolución a nuestra tarjeta de los jamones. 

Si en algún momento decidimos tener un bebé, haremos otra lista de regalos “baratita”, a ver si pasa lo mismo.s