Muchos dicen que leer un buen libro es como disfrutar de un menú gourmet. Saboreas cada página, percibes el aroma de la historia, siempre te queda hueco para el postre con el que terminar la última página y te enseña un poco más sobre tus gustos. Para mí, leer es tan placentero como comer, ya sea un fast book o una lectura degustación, lo devoro todo. Pero es cierto que tengo una lista de libros gourmet; los llamo así porque para mí no solo son una historia, sino que dejan un regusto que va más allá, que deja huella. Y hoy quiero compartir mi recomendación de este menú lector.

Si eres una fan del picoteo, aquí van tres sugerencias: compilaciones de pequeños cuentos o relatos con sabores muy diferentes. Cuentos para pensar de Jorge Bucay, es de sabor intensito, pero ya te lo advierte en su introducción: “los cuentos son para dormir a los niños y despertar a los adultos”. Son cuentos cortos que puedes disfrutar con tus peques y todos tienen una moraleja. El segundo es cocina tradicional, son los Cuentos de Navidad de Charles Dickens, totalmente recomendable si eres amante de la navidad por ser una época de enmendar conciencia y no por comer gambas. La última propuesta es un plato rebelde, como su nombre: Cuentos de buenas noches para niñas rebeldes, de Elena Favilli y Francesca Cavallo, son cuentos biográficos muy ligeros, para toda la familia y con un sabor feminista muy intenso.

 

Si eres de platos tradicionales, quizás esto se adapte a ti. Empezamos con un clásico: El Principito de Antoine de Saint-exupéry, más famoso que la sangría, pero apto para niños; te deja con una resaca difícil de olvidar. Si eres más de sabores de Latinoamérica, dos chefs de la literatura hispanoamericana que no puedes dejar de degustar son Isabel Allende con La casa de los espíritus, no solo por saber aprovechar el aroma del realismo mágico, sino porque la historia de sus mujeres tiene un sabor tan intenso como el carácter de sus personajes. La última recomendación es tradicional e innovadora al mismo tiempo: Rayuela, de Julio Cortázar. Se define como la antinovela, porque tú puedes elegir por dónde quieres empezar a leer y de eso dependerá dónde acabe tu lectura. Tienes más maneras de leer este libro que de comerte un plato de paella (¿eres de team cuchara o team tenedor?¿te la comes en la paella o en plato?).

Si eres de los que come con los ojos, pero lee con el corazón, aquí tienes dos títulos interesantes a simple vista, pero que te sorprenden (y mucho) con la intensidad de sus personajes y el emplatado de la historia. El curioso incidente del perro a medianoche de Mark Haddon despertará una ternura inusual en ti gracias a su protagonista, un adolescente con autismo que refleja las dificultades de su día a día mientras intenta resolver un misterio; puede que te haga soltar alguna lagrimita, como cuando pelas una cebolla. Las ventajas de ser un marrginado de Stephen Chbosky es más bien una novela con sabor agridulce, pero la presentación a través de su personaje es una genialidad y con una explosión final que no esperas.

Si eres de digestiones pesadas y lecturas densas, te dejo dos sugerencias. La primera es un plato estrella entre los más exigentes: Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva de Stephen R. Covey, es algo denso de leer, pero te sienta como una batido detox, te cambia hasta la cara después de leerlo. Y si prefieres algo con toques más encaminados a cambiar hábitos de consumo (entre los que se incluye la alimentación) te recomiendo que leas Tu consumo puede cambiar el mundo de Brenda Chávez, quien te abrirá la boca con las historias que cuenta sobre grandes empresas y su repercusión en el modelo de consumo que tenemos actualmente.

Para rebajar el empacho de lectura, una recomendación que es el chupitazo de absenta. Si te aventuras en la lectura del relato breve de El proceso de Franz Kafka, créeme que te entrarán más paranoias que si te bebieras tú sola una botella de Jagger.

La lectura es una actividad placentera (o, al menos, eso me han enseñado a mí) y no debe resultarte difícil de digerir. Por lo que, si se te atraganta un libro, más vale que lo dejes de lado y no te empeñes en seguir con él, porque al final se te puede indigestar y dejarás de disfrutar de ese maravilloso goce. Y eso, amigas, para mí, es como si me dijeran que he perdido el sentido del gusto para siempre.

 

Ana Castillo