Si hay series que me han marcado mi infancia y adolescencia, han sido Dragon Ball (y Dragon Ball Z) y Los Simpsons. A día de hoy, en mi entorno seguimos haciendo referencias continuas a esas tres, ya cada vez menos entendidas por las generaciones posteriores. La intro de cualquiera de ellas activa el filtro de la nostalgia.
Hace poco quise hacer un revival de mi infancia y me puse a ver Bola de Dragón desde el primer episodio. Advertencia: es mala idea. Hay cosas que es mejor dejar inalterables en el cajón de los recuerdos.
En el primer capítulo ya me llevé una sorpresa mayúscula: una joven Bulma de 16 años insinuándose a un pequeño Goku de solo 12, a cambio de una bola de dragón. En concreto, diciéndole que, si le daba la bola, dejaría que le tocara el culo.
Aquello me dejó fría, pero lo peor estaba por venir de la mano del depravado Tortuga Duende. Ese ser, aunque imaginario, resulta grotesco y repugnante a un nivel que yo no recordaba. En sus primeras apariciones, siendo ya él un anciano, se la pasa solicitándole a una adolescente como es Bulma todo tipo de favores sexuales.
En una de las escenas más macabras, Bulma se levanta el vestido para mostrarle las bragas sin percatarse de que no las lleva, luego enseñándole directamente los genitales (la pantalla muestra su trasero desnudo). En otra ocasión, le pide tocarle los pechos a cambio de apagar un incendio. A ella se le ocurre pedirle al Oolong, un cerdo con capacidad de transformarse en cualquier cosa, que se convierta en ella misma para satisfacer al viejo verde de los cojones. Oolong acepta.
La libido depravada del tipo es tal que, cuando ve o palpa algo que le gusta en mujeres jóvenes, se pone rojo y echa sangre por la nariz. Tan fuertes son las escenas que, en esta versión que yo empecé a ver, ni siquiera están dobladas al castellano. Las han dejado en japonés, a modo de censura. Hay cosas que ni siquiera hace más de 30 años se podían tolerar.
También es significativo el capítulo en el que se da a conocer Oolong, que se dedicaba a transformarse en un monstruo horrible para amenazar a los habitantes de una aldea a cambio de llevarse niñas a su castillo. Hay una línea de guion que me deja loca, en el que el cerdo le dice al padre de una de las niñas que quiere secuestrar algo así:
—Ya le he hecho el amor, ahora la reclamo como mi esposa.
Al final del capítulo se descubre que las niñas están sanas y salvas en su castillo, pero Oolong pide que se las lleven porque les salen demasiado caras. Las chicas le solicitan joyas y otros enseres de lujo continuamente, y una de ellas le dice a su padre que prefiere la vida sibarita que le da Oolong a tener que trabajar en el campo.
La sombra del abuso infantil
Tengo la seria sospecha de que mi querido Goku fue un niño abusado de pequeño. Quizás esté abriendo un melón incómodo, pero, por si sois fans de la serie, hay algunos datos que me hacen pensarlo:
Fue su abuelo quien lo acogió y lo crio tras encontrarlo en la cápsula en la que llegó a la tierra, pero jamás tuvo contacto con nadie más en toda su infancia y primera adolescencia. Hasta el punto de que, cuando Bulma llega a su casa buscando la bola de dragón que él tiene, es la primera vez que ve a una chica. ¿Será que su abuelo lo sometía a aislamiento con fines ocultos?
Asegura que él siempre durmió con su abuelo. En un capítulo se mete en la cama de Bulma mientras ella duerme, por experimentar la sensación de volver a dormir con alguien (algo que no hacía desde que murió su abuelo). No se mete de cualquier manera, sino que se recuesta sobre los genitales de ella. ¿Acaso es así como “dormía” con su abuelo? Enseguida se da cuenta de que Bulma no tiene lo mismo que él y que su abuelo en la zona genital, así que le quita las bragas para comprobarlo y llevarse la sorpresa mayúscula de que no tiene “bolas”.
Los primeros capítulos los pasa inocentemente tocando los genitales de todo el que se encuentra, para saber si es mujer u hombre, porque no los distingue a simple vista y considera a todo el mundo igual. ¿Tenía normalizados estos tocamientos de genitales?
Todas estas escenas me dejaron tan impactada y me causaron tal incomodidad que busqué información al respecto. Me topé con un par de foros en Reddit que debatían el tema y, sobre todo, con este vídeo:
Un fan de la serie expone que el creador, Akira Toriyama, solo pretendía introducir comedia picante, aunque critica que esta debería ir dirigida a un público infantil y no adulto. Pese a ello, el creador no quería que te excitaras, sino que te rieras.
“Masiao” bien hemos salido
Yo ni siquiera recordaba estas escenas, que me han dejado algo así como un trauma con carácter retroactivo. O las quitaron antes de emitir los capítulos (los daban en abierto en las televisiones públicas autonómicas) o, sencillamente, las he olvidado. Pero me pregunto ¿hasta qué punto el contenido de este tipo nos ha moldeado? ¿Cuánto han contribuido escenas como esta a normalizar cuestiones como la cosificación de las mujeres? Yo no sé cuál es la relación entre Bola de Dragón y el hecho de que a mi pareciera normal que los niños nos persiguieran para tocarnos el culo en el recreo. Y lo cierto es que son numerosos los estudios que apuntan a cómo estos mensajes contribuyen a la desigualdad.
Aunque estas escenas solo pretendieran ser graciosas, hay que ponerlas en el contexto de los años 80 y entender que la cultura japonesa es muy diferente a la nuestra, está claro que lo simbólico educa. En mensajes y contenidos aparentemente inocentes se cuela la violencia, así que, pensándolo bien, no está mal revisar viejos contenidos para afinar el ojo crítico y que sirva para identificarlos. Tal vez nosotros ya solo lo podamos solucionar con terapia, pero podemos estar pendientes de lo que ven los niños de nuestro entorno.