Estábamos desayunando en el office, ella acababa de volver de su baja de maternidad, y estaba con otra mami reciente, contando sus batallitas de partos y postpartos. Yo no estaba prestando mucha atención porque los bebés no son muy lo mío y las cosas médicas me dan bastante asco, soy de las que se marean con las agujas, pero cuando escuché la palabra placentofagia se me encendieron las antenas, que palabra tan rara. Qué sería eso.

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Resulta que es algo que se supone que hacen los mamíferos, comerse su placenta y los restos del parto nada más dar a luz. No había escuchado nada más asqueroso en mi vida. Cualquiera preguntaba si se la daban pelada, cocida, vuelta y vuelta o en sándwich, por lo visto hay hasta píldoras por si acaso necesitas comerte un poco y no te venga bien dar a luz en ese momento.

Según su teoría, comerse eso, es genial porque te hace olvidar los dolores del parto. Yo pensé que una buena copa de vino también, pero por lo visto si le das el pecho al bebé no puedes tomarte un lingotazo. Y que contiene muchos nutrientes, de nuevo pensé en un bocadillo de jamón ibérico bien untado con su tomate y su chorro de aceite de oliva virgen extra, pero tampoco debe ser lo mismo.

Ella, tan resuelta, porque gracias a su placenta no había tenido depresión postparto, nos intentaba cambiar nuestros gestos retorcidos diciendo que los chinos la usaban pero como medicina para los demás, nuestras caras iban a peor.

Su defensa iba encaminada a que las celebrities lo hacían, ahí me quedé mucho más tranquila, si las Kardashian y los de la iglesia de la Cienciología lo habían hecho, todas lo debíamos hacer sin duda alguna, incluso si no paríamos, faltaría más, ponme dos de placenta y una de calamares.

Lo mejor de todo vino cuando nos contó cuánto le había costado comerse eso, unos 500€ de nada, me faltó preguntarle si se había guardado un tupper en el congelador para un momento de bajón. 

El momento en el que sacó su móvil para enseñar fotos fue cuando aproveché para levantarme a por agua, por ahí no iba a pasar, pero los comentarios del resto los sufrí en mi imaginación. 

 

Cuando ya llegó a la parte de que eso tiene restos de hormonas sexuales, ya mi percepción cambió un poco, lo mismo a mi chico no le venía mal entonces un chupito de eso, que llevaba una temporada algo flojo en la cama. No entiendo cómo los guionistas de pelis gore y porno no han aprovechado este filón para hacer alguna serie, porque a mi se me disparó la mente con mil cerdadas para desarrollar. 

Mientras ella seguía defendiendo su teoría, la erudita del grupo no paraba de mirar su móvil, hasta que interrumpió para leer un par de cositas sobre que nada de eso está científicamente demostrado, que en algún lugar del mundo un pobre bebé había enfermado porque su madre se había tomado una pildorita que estaba contaminada y que en países como Francia, está legalmente prohibido.

Esperemos que esto no se ponga de moda entre los cocineros extravagantes porque me veo leyendo la palabra en las cartas de los restaurantes divinos y el tema de las estrellas Michelín por mi parte, perdería bastante glamour.

La próxima vez que esta compañera traiga algo para picar, procuraré hacerme la loca, no sea que lleve placenta molida y lo mismo me hace sin yo querer, de su secta esa de placentofagicas.

Anónimo