No debería sorprenderme el haber vivido semejante historia en mi vida (no de amor precisamente), pues será por cosas con las que una se queda a cuadros que le han pasado, como por poner un ejemplo, mi imán para chicos rarunos y perturbados, pero esa es otra historia…

Esta historia, sería para contarla con peluca barata, gafas de sol y la voz distorsionada grave, como en algún programa de cotilleos que antiguamente daban en ciertos canales cuyo nombre no mencionaré.

Solo diré que por suerte en este sentido, hicieron un ERE en mi empresa (mucho después, por eso, no os vayáis a creer que me despidieron por como atasqué el servicio, [email protected]).

Todo comenzó una mañana en la oficina, puse en el sistema de mi ordenador el auxiliar “parada personal”, y me dirigí a los servicios de la empresa, que por suerte, hay dos plantas y en cada planta numerosos lavabos individuales y con puerta que cierra completamente, no deja ver los pies por debajo y el pestillo funciona.

Como [email protected] de [email protected] seguro que hacéis, ya que hay quienes nos sentimos más [email protected] para que pueda salir el muñeco de barro, me fui directa al último wc, que es el que tiene un toque más íntimo a mi parecer.

Una de las técnicas ninja que [email protected] conocemos a la hora de que cuando caiga la/s boñiga/s no nos salpique ni haga ruido, es colocar papel del váter en el fondo del mismo, y si ya te quieres sentar, forras de papel la taza para sentarte y no sentir que vas a coger triquinosis (esto no es válido para todos los lavabos, en otros hay que hacer glúteo y piernas cagando haciendo sentadillas, terrible cagar así y apuntar bien, y si viene un poco suelta la cosa no hacer estucado).

Pues bien, forré con demasiado entusiasmo tanto el fondo del wc como la taza, y al terminar y tirar de la cadena, contemplé como se inflaba en forma de burbuja el exceso de papel que tiré por encima del cadáver y el agua se quedó estancada sin tragar. Hacedme caso cuando os digo que a veces hay que tirar de la cadena del váter en dos tandas si habéis puesto mucho papel ([email protected] [email protected] dirán que pongo de excusa el papel y no lo que salió de mis adentros como causante del atasco).

Aquello no bajaba ni a tiros, por lo que tuve que recurrir a la escobilla del wc. Con energía, la moví de arriba a abajo cual batería de una banda de black metal para que bajara el papel, pero nada.

Tiré una segunda vez de la cadena, pensando que con el propio peso del agua eso bajaría solo, pero casi me da un síncope porque el agua comenzó a subir más y se quedó a un escaso centímetro de rebosar. Soy consciente de la suerte que tuve, imaginaos si eso llega a derramarse.

Volví a meter la escobilla, hasta mancharme las puntas de los dedos (literal), y deshice más aún el papel y lo que allí había. Aquello no era humano. Por decirlo más finamente ya que si no me pueden censurar, aquello era un colacao turbio con galletas deshechas en su interior.

Me quedé contemplando esa aberrante obra de arte abstracta que había creado a ver si bajaba, y viendo que ya llevaba mucho tiempo en parada personal y me podían llamar la atención, tras meditarlo hice de tripas corazón y bajé la tapa del wc ocultando el pantano de los muertos y salí de allí deseando que nadie estuviera haciendo cola para entrar.

Una chica quería disponerse a entrar, y todo lo disimuladamente que pude le dije: “Ui, no entres en este, que está un poco atascado”. Sonreí. No miré atrás.

Me lavé las manos, aún en shock, y volví al trabajo.

¿Pude haber avisado y ser un poco más cívica? Sí.

¿Pensé en comprar desatascador y a hurtadillas entrar y echar en ese amasijo? También.

Pero no lo hice. Guardé silencio. Mi dignidad estaba en juego, y en la oficina, os aseguro que la noticia habría llegado a los cuatro vientos.

Por la tarde, volví a los lavabos, la puerta del último wc estaba cerrada. Solitaria, triste.

Otra compañera que iba delante mío (éramos muchos en la empresa), abrió el último lavabo y como entró salió maldiciendo advirtiéndome que no entrara, que no sabía qué habían hecho ahí dentro. Asentí y sonreí dándole la razón, agradeciendo la advertencia. Como si no supiera quién había sido la autora del crimen.

A la vuelta en metro, una amiga del trabajo me escribió para decirme que al parecer en el último wc del lavabo del curro había algún tipo de mutación extraterrestre y, palabras suyas textuales, le producía “una mezcla entre horror y fascinación”. Lo ilustró con una fotografía de un wc reventado y salpicado de gotelé por todas partes (aclaro no era una fotografía real del estado del lavabo del trabajo).

Por mi bien, decidí fingir sorpresa, pero en el metro, empecé a reírme sola, retorciéndome a lágrima viva, la gente que me viera a saber qué se estaba imaginando.

Por si aún no habéis tenido bastante y queréis saber el desenlace, al día siguiente al volver por la mañana aún estaba la puerta cerrada, y al mediodía parecía que ya habían solventado el asunto.

Desde aquí agradezco y pido perdón a quien sea que le tocara arreglar ese atasco (héroe), y cruzo los dedos muy fuertemente para que nadie me reconozca.

 

@xeniamoonstone