Yo tenía mucho cariño a mi tío Toni, que no era hermano de mi madre sino primo suyo. Cuando salió de la cárcel venía con frecuencia a vernos y recuerdo cómo me levantaba en volandas, su risa contagiosa, sus bromas y cómo parecía llenar las estancias con su imponente estatura. Todas esas cosas quedaban por encima de un hecho: mi tío había estado unos años en la cárcel, condenado por malos tratos a su mujer.
Por supuesto que era inocente, o eso decían mis padres y eso creí yo a pies juntillas durante la mayor parte de mi vida. La culpa era de su mujer, que era una mala bruja que se había ido a buscarle al pueblo al que se había ido a vivir con la excusa de ir a un concierto con su hija, y de su hija, que por lo que fuera le había retirado la palabra y no quería saber nada de él. Daba igual que hubiera estado a punto de matar a su mujer, y que su hija recordase con espanto cómo había estado a punto de echarles la puerta de casa abajo a golpes hasta que la policía acudió a llevársele. Daba igual también que el Juez hubiera hallado pruebas suficientes en los partes de lesiones, en los informes psicológicos y en el testimonio de quienes declararon a acudir para determinar que mi tío debía ingresar en prisión, era imposible que el bueno de mi tío Toni hubiera sido capaz de hacer algo así, o eso decía mi familia a excepción de su madre y sus hermanas: las mujeres que mejor le conocían, casualmente, sabían bien de su carácter impulsivo y de lo agresivo que se ponía cuando bebía, también cuando se gastaba más de lo que tenía en juergas y en invitar a los amigos de cartera.

A mí me encantaba que viniera a casa. Podíamos estar años sin verle, ya que no tenía un trabajo fijo y acudía allá donde se le ofreciera un salario digno, y cuando volvía a aparecer era motivo de fiesta y regodeo, pero conforme fueron pasando los años y fui teniendo más información me fui dando cuenta de que mi tío, el que tanto me hacía reír, al que se le caía la baba cuando me oía llamarle ‘’tío’’ sin que me avergonzase que me relacionasen con él, había sido un maltratador que había destrozado la vida a su mujer y a su hija. Y no os voy a mentir, le seguía queriendo, le sigo queriendo, pero ahora soy consciente de lo que hay, y mi madre, después de tanto tiempo negándolo, también parece serlo, más aún cuando este año conocí a una chica en el trabajo que resultó ser sobrina de la ex-mujer de mi tío y me contó detalles que yo no conocía.
Tal vez ese sea también uno de los motivos por los que mi tío no suele parar por nuestra ciudad: mientras vivieron sus padres tenía algo que le atase aquí, pero hoy por hoy, con sus tres hermanas viviendo fuera y con su ex-mujer y su familia viviendo aquí, entiendo que se mantenga lo más lejos posible. A causa de esto hace muchísimos años que no le veo y apenas sé de su vida, aunque sí sé que está viviendo actualmente con otra mujer y no puedo evitar tener miedo por ella.
Y no deja de ser curioso, porque yo tengo la certeza de que jamás nos tocaría ni a mí ni a nadie de la familia, pero también entiendo que sobre nosotros no tiene ese concepto de propiedad que tenía sobre su ex. Aunque, ¿y si se ha reformado? ¿Y si, inconscientemente, le estoy negando la capacidad de mejorar como persona? Tal vez con su actual pareja sea ese Toni que siempre ha sido con la familia, alegre y cariñoso, enorme y cálido como un oso, deseo de corazón que sea así, que haya aprendido a querer de una manera sana y no desde la posesividad. Sinceramente, si vuelvo a verle no sé cómo será el reencuentro, no sé si seré capaz de ver a mi tío o de ver al tipo que cumplió pena de prisión por casi matar a su mujer de una paliza, pero a menudo me encuentro pensando en él con el miedo de que protagonice la apertura de algún telediario.
Mi familia trató de quitarle importancia y de negar algo que era evidente, pero a mí, tantos años después, saber que mi tío fue y puede seguir siendo un maltratador me quita el sueño.
Anónimo
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