No sé desde cuando hace que me peleo con mi peso. Y escucha… nunca es precisamente para ganar peso.
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Tengo 34 años y llevo toda la vida batallando contra la báscula. Intentando perder peso, después intentando mantenerlo…volviendo a subir, volviendo a bajar… Es agotador.
Es como tener una pelea permanente contra tu propio cuerpo. Una pelea que sabes que nunca vas a ganar del todo, que simplemente tienes que mantener a raya. Como si viniera un tsunami hacia ti y tú intentaras frenarlo con un muñequito de Playmobil.
Es desesperante de verdad, si tú estás ahí sólo tú sabes lo que es….
Y esa montaña rusa no solo afecta al peso tías.. afecta a la cabeza, al autoestima, a cómo te relacionas…
Porque, aunque nos encante repetir que todas somos libres, independientes y emocionalmente maduras, la realidad es que el mundo no te trata igual cuando pesas 100kg que cuando pesas 70kg.
Y no me vengáis con discursos variopintos porque no son verdad. Yo he estado gorda, gordísima, en mi peso y delgada y SÉ PERFECTAMENTE que esta sociedad te trata bien y te cuida si eres una persona con un cuerpo delgado. Si tienes una figura gorda, eres considerado un ciudadano de segunda.
La forma en la que te mira la gente cambia…la ropa cambia…tu seguridad cambia. Y, quieras o no, las subidas y bajadas de peso también acaban convirtiéndose en subidas y bajadas emocionales.
Hace cinco años decidí empezar con una nutricionista, mi querida Ana. Y aquí viene lo curioso: No fui con el objetivo de adelgazar.
Ni si quiera para aprender a comer, porque yo ya sabía cómo tenía que comer. Fui a que me abriera un mundo de posibilidades y que me enseñara a tratar a mi cuerpo con se merece.
Quería entender qué alimentos me sentaban bien, dejar de vivir con el estómago inflamado y encontrar una forma de alimentarme que pudiera mantener toda la vida. Empecé a comer más alimentos orgánicos, cereales integrales, comida más natural… No hacía una dieta baja en calorías. De hecho, empecé a comer y sigo comiendo arroz TODOS LOS DÍAS. Simplemente empecé a comer de una forma más sana y, sobre todo, más sostenible.
Y justo esa palabra: SOSTENIBLE. Lo cambió todo para mí chicas.
Porque yo cocinando soy muy batallera. Yo necesito una alimentación que me de energía, que me sacie y que no me obligue a pasarme dos horas al día preparando recetas. Por que sé que no es sostenible en el tiempo…
Sin darme cuenta, poco a poco, fui adelgazando. En total bajé 20kg y como ya tenía las herramientas para comer bien, cada vez iba menos a la nutricionista.
Las revisiones se fueron espaciando hasta que, prácticamente sin querer, dejé de ir.
La semana pasada volví a la consulta de Ana…hacía dos años que no me pesaba allí. ¿Sabéis lo que pasó? Me subí a la báscula. Y pesaba exactamente lo mismo que la última vez.¡ que fui.
No lo pude evitar…me puse a llorar. Porque, por primera vez en toda mi vida, había conseguido mantener esa bajada de peso durante más de 6 meses.
¿Sabéis lo que significa eso para alguien que lleva 34 años peleándose con su cuerpo?
Significa abrir el armario y seguir poniéndote los mismos vaqueros dos años después. Significa comprarte un sujetador bueno sin pensar que dentro de seis meses igual ya no te sirve. Significa dejar de vivir con miedo a volver a empezar otra vez porque has vuelto a fracasar.
Y significa algo que jamás pensé que diría: por primera vez en mi vida me siento una persona normal.
Una persona que come, que disfruta, que sale a cenar y que no se siente culpable por pasarse de 1500 calorías al día. Siempre me fijaba con envidia en las personas que trataban a la comida como si fuera su aliado y no su enemigo.
Y ahora entiendo que mi motivación y mi objetivo eran las cosas que me destruían por dentro.
Mi vida cambió cuando mi objetivo empezó a ser: dejar de pelearme conmigo misma.
Y parece que la solución no la encontré en la dieta milagrosa. La encontré en la búsqueda por sentirme mejor, aceptar mi cuerpo y aprender a cuidar de él.