No, no es broma queridas, mi ginecóloga me chilló. ¿Justificado? No lo sé, pero ya te adelantó que esas formas no las aguanta ni un muro.
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Yo pensaba que iba al ginecólogo porque tenía picores y resulta que fui a recibir una de las mayores broncas de mi vida.
Contexto: Yo siempre he tenido muchísimo complejo con el vello corporal. Pero muchísimo. Y cuando digo muchísimo, hablo de mirar mis brazos con 15 años y pensar que parecía un puto hombre lobo.
Un trauma bastante heavy para una adolescente, la verdad.
Así que cuando tuve dinero para hacerlo, me hice el láser completo. Axilas, piernas, ingles… todo. No te voy a mentir, a nivel de comodidad y autoestima, fue una de las decisiones que más tranquilidad mental me ha dado en la vida.
Porque sí, hay chicas que llevan pelo y se sienten cómodas y libres y empoderadas. Me parece increíble, me da mil de envidia y me gustaría ser así, de verdad. Pero yo no era esa chica.
Y también estoy un poco cansada de que a las mujeres se nos exija justificar TODO lo que hacemos con nuestro cuerpo. Si te depilas, mal. Si no te depilas, también. Si llevas sujetador, eres una esclava del patriarcado. Si no lo llevas, una guarra. De verdad, qué agotamiento por el amor de dios.
El caso: Llevaba un par de semanas con picores en el asuntinni y pensé: “Pues igual tengo hongos o el pH alterado o yo qué sé”. Así que pedí cita con mi ginecóloga de confianza.
Me examina y me dice que no parece haber nada grave.

Y de repente se sienta enfrente de mí, cruza las manos, me mira con una decepción digna de una madre en una serie turca y me suelta:
«No sé lo que esperáis las mujeres de ahora. Os quitáis todo el pelo y luego pretendéis tener la vagina sana»
Perdón, ¿cómo? Y espera, que el tema escaló.
Que si somos tontas. Que si nadie nos explica nada. Que si el pelo está ahí por algo. Que si nos creemos muy modernas.
Nena, todo esto casi chillándome, con una mirada como si quisiera atravesarme el cráneo con sus pulgares.
Yo estaba en la camilla medio desnuda pensando: “¿He venido al ginecólogo o a que me humillen en público?”.
Y ojo, parte de razón tiene. Porque luego me informé mejor y sí: el vello protege, el algodón transpira mejor y probablemente mis bragas monísimas de encaje no estaban ayudando precisamente al ecosistema de mi coño.
Vale, sí, la información es útil y necesaria, pero sobraba tratarme como si hubiera provocado el colapso de la sanidad pública por depilarme el chocho.
Porque digo yo: Si esto es tan importante… ¿Por qué nadie te lo cuenta antes? ¿Por qué en las clínicas de láser no te explican absolutamente nada? ¿Por qué siempre acabamos descubriendo cómo funciona nuestro cuerpo después de haber hecho algo “mal”?
Y sobre todo. ¿Por qué a tantas mujeres se nos sigue hablando desde la culpa incluso en una consulta médica?
Salí de allí con los mismos picores, con la mente tranquila porque no tenía nada, pero con ganas de no volver en mi puta vida.