Ya no sé qué hacer con mi nuera. Por estos lares, sé que las suegras somos objeto de muchas de vuestras quejas y no seré yo la que entre a juzgar vuestras relaciones. Sin embargo, en ocasiones, las nueras tampoco nos lo ponéis fácil y una, como madre y abuela, también se frustra al no saber cómo actuar para remediar una situación que se aleja de lo que nos gustaría. Nosotras, las mujeres que somos madres de varones, nos sentimos “abuelas de segunda”. Nos equivocamos, por supuesto, como cualquier ser humano, pero son muchas las mujeres que no usan la misma vara de medir con sus madres que con sus suegras. Observas que se toleran según qué comportamientos por ser de “sangre directa”. En esta primera toma de contacto que tengo que vosotras a través de este foro, os voy a contar una de las anécdotas que arrastro desde hace años: los regalos para mis nietos.

Hago lo que puedo
Tengo cinco hijos, uno de ellos casado y con cuatro nenes, dos de ellos mellizos. Vive en otra comunidad autónoma, por lo que el trato que mantengo con su familia es puntual pero intenso, ya que cuando voy intento quedarme unos días. Sé que nos plato de buen gusto que alguien se meta en la intimidad de tu casa durante una semana, por lo que, en la medida que la economía lo permita, siempre intento costearme un hotel. Soy autónoma, y paso épocas de ingresos más ajustados, y es ahí cuando pido hospedaje, intentando colaborar en todo lo posible: supermercados, elaboración de comidas, limpieza, lavadoras y, por supuesto, en el cuidado y atención de mis nietos. A mi nuera parece molestarle, haga lo que haga: si limpio que por qué limpio a mi manera; si estoy con los niños es porque vengo “de vacaciones”. Al margen de esta problemática, que ya os compartiré en próximas publicaciones, el tema de los regalos me ofende bastante.

Suelo traer regalos para todos, aunque sea un detalle. Si bien es verdad que el grueso se lo llevan los niños. Mi objetivo es ayudar en los gastos cotidianos de los niños, aligerando la carga de productos necesarios como es la ropa. Van a un colegio público, sin uniforme, y desgastan muchísimo las prendas, así que siempre colaboro con zapatos y ropa. Como mi nuera jamás me informa de las tallas, y mi hijo no se entera de nada, suelo comprar en franquicias o grandes superficies para que tengan la posibilidad de cambiar lo que no les sirva o no les guste. ¿Qué ocurre? Que el 100 % de las veces, lo cambian. Da igual lo que compre, de cualquier precio, color o talla, ella… lo cambia.
Y ella hace lo que quiere
Y lo cambia por cosas para ella. ¿Por qué lo sé? Porque me lo ha dicho mi hijo y porque a mis nietos jamás les vi nada de lo que yo les he comprado, y he comprado muchísima, muchísima ropa a lo largo de 12 años.
Me duele. Me duele y me indigna a partes iguales. No tengo problema en que ella se compre unas bragas si las necesita con el dinero que estaba destinado para los chándales del colegio de mis nietos, pero ¿para un bolso o un vestido? No soy nadie para juzgar qué hace mi nuera con el dinero, pero es que…, entendedme, no era un dinero para ella. Que coja otro chándal, otros zapatos, otras camisetas de dinosaurios en vez de coches, pero que coja algo para los niños.

¿Qué he hecho? La solución que he encontrado ha sido probarles la ropa durante la semana que estoy allí y arrancar las etiquetas de aquello que les queda bien y les gusta. ¿Qué ha hecho mi nuera? Regalar a sus sobrinos todo lo que pude. Según mi hijo, incluso, a la caridad.
He intentado hablar con ella, lo juro. Le he preguntado directamente y me lo niega o le quita importancia. Que si no necesita ropa, que me diga qué le va bien. ¿Comida? ¿Libros? ¿Juguetes? No contesta, no quiere ayuda o, más bien, no quiere que yo se la aporte. No sé que quiere. O sí. Creo que, a mi desgracia, quiere eliminarme de su vida y, por ende, de la de mis nietos.
Relato escrito por una colaboradora basado en la historia real.