No sé vosotras, pero yo vivo la época de rebajas con auténtico terror. Para empezar, si te pasa como a mí y no te gusta comprar online, tienes que aguantar cantidades ingentes de personas en las tiendas. Personas que tienen cada una un criterio diferente a la hora de admitir la necesidad de utilizar desodorante y la periodicidad de aplicación, por ejemplo.

No han sido pocas la veces que he invertido más tiempo en esperar una cola, que en elegir qué comprar. Colas en el probador, colas en la caja, colas, incluso, antes de que la tienda abra…Y yo qué queréis que os diga, pero si puedo elegir, prefiero otro tipo de colas: cola de toro en salsa, ron con cola, la cola de un señor insertada en mis partes íntimas…En fin, que me pierdo. 

Pero las colas no son lo peor que tiene ir de rebajas. Si voy con gente hay otra cosa aburridísima que es hacerle de percha a tu amiga mientras coge toda la ropa de la tienda, en diferentes colores y tallas. Y acabo de nombrar el tema principal del post: las tallas. Me parece horrible que hayamos normalizado que lo que en una tienda es una talla cuarenta, en otra sea una cuarenta y cuatro.

Luego nos quejamos de la dismorfia corporal y los trastornos de la conducta alimentaria. Pero, sinceramente, ¿qué esperan? Es lógico crecer pensando que algo está mal con tu cuerpo si ni siquiera puedes afirmar con precisión qué talla tienes. Yo, por ejemplo, he naturalizado que, sin poner ni un gramo de peso, mi talla oscile entre la cuarenta y la cuarenta y seis, que ya me parece una barbaridad, dependiendo de la tienda a la que entres. Pero esa soy yo, una treintañera que ya va de vuelta de todo y que le importa la ropa un pimiento.

Yo con caber dentro del pantalón, tengo suficiente. Me da igual lo que ponga en la etiqueta.

Pero siempre pienso en mi yo adolescente, y en las personas de esas edades en general, que empiezan a darle importancia a un cuerpo que, además, está cambiando. Y les empieza a importar gustar a otras personas. Me parece que ese tipo de gente es muy vulnerable al problema de las tallas. Es que, incluso, yo misma hace unas semanas viví una situación que me dejó pensando en el tema. ¿Os parece normal que, en una misma tienda, dependiendo de si el modelo de camiseta está pensado para mujer, o unisex, mi talla sea un 2XL o una S? Es que, en la web, que te ponen una guía de tallas, en teoría mi talla era una S. Hace como quince años que no quepo yo en una S. Es más, dudo que haya cabido yo alguna vez en esa talla. Pero es que llegué a la tienda física y, cuando cogí ese tamaño de camiseta calculé, a ojo, que yo eso me lo podría poner en un tobillo. Así que cogí también la M y me fui al probador. ¿Resultado? Pues que tuve que volver a por una L, una XL y una 2XL. Porque, como digo, mi talla solo era una S si la camiseta se consideraba unisex. Pero en el corte que está pensado para ladies, tengo una 2XL. Y, por cierto, si hay corte lady, ¿por qué no hay corte man? Pasamos de lady a unisex. Los hombres ni siquiera están representados. Eso tampoco lo entiendo. Pero bueno, la nomenclatura todavía es una batalla que podemos tardar en librar. No es tan importante. Lo que sí considero urgente es que, por lo menos, en una misma tienda, una sola mujer tenga una sola talla, ¿no? Y ya si pudiéramos conseguir que todas las tiendas se pusieran de acuerdo en cuanto al tallaje, sería maravilloso.

A ver si este post le llega a quien le tenga que llegar para que pongamos solución a eso cuanto antes.