No es un secreto saber que tener una cuenta pública en redes sociales es un reclamo para que te pueda llegar cualquier clase de mensaje. No debería ser así y deberíamos dejar de justificar que la exposición de algunos personajes sea legítimo el odio que reciben, pero, por desgracia, es la realidad en la que vivimos.

Yo llevo un tiempo por aquí, compartiendo mis manualidades en un principio y, ahora, dando de vez en cuando alguna opinión sobre temas de actualidad o expresando las cosas que me preocupan.

Siempre me sentí muy segura, pues mi cuenta es pequeñita y la gente que me sigue es respetuosa y muy amable siempre.

Hasta que llegó agosto y de pronto una sola foto a modo de homenaje a las 13 rosas llenó mis notificaciones de insultos y odio. También de mucha empatía y sensación de injusticia, así que no me importó mucho. Pero es cierto que van pasando los meses y esa misma publicación sigue trayéndome alegrías y sustos a partes iguales.

Lo malo es que la veda quedó abierta y decenas de cuentas con banderas preconstitucionales como foto de perfil empezaron a insultarme en cada publicación (bendito botón de bloqueo).

Pero entonces llegó la Global Sumud Flotilla, y con ella, todo el odio desplegado sin filtros.

A las dos horas de subir un vídeo contando lo que esas personas intentarían hacer rumbo a Palestina para romper el bloqueo, llegaron insultos, proclamas racistas, etc.

Me alucinó ver cómo una red social como tik tok, que me bloqueó un vídeo por decir que “soy adicta al aroma” de no sé qué vela, o algo similar, por incitar; que a mi amiga que hace bolis artesanales le restringe por enseñar objetos fálicos, sin embargo está lleno de cuentas con vídeos hechos con IA con simbología nazi, lemas genocidas  e imágenes de armas, y no hay problema alguno.

Pues, tras un par de horas pasé de recibir mensajes de “lávate, cerda”, “para ser una puta feminazi, mucho te gustan los moros” a, directamente, amenazas de muerte.

¿En qué momento se da ese salto? Pues claro, si justificamos los primeros como “libertad de expresión”, después no nos puede extrañar la escalada. Pues la violencia nunca va a menos donde es bien recibida. Jamás desciende, al contrario.

“Israel apunta, yo disparo”, “nuevo objetivo, gracias por dejarte ver”, “si sabes contar, cuenta los días que te quedan”. Estéis o no de acuerdo conmigo, ¿creéis que esto es normal? Que ¿por qué yo haga un vídeo público merezco recibir esta basura?

Pues esto no es nada en comparación, obviamente, con cuantas más grandes. Más aún en el caso de cuentas de mujeres, pues siempre va primero el ataque a su físico (fea, gorda, tetuda…), luego a su sexualidad (puta, chupa…) y ahora ya, vídeos realistas con sus caras hechos con IA de contenido sexual.

Se suponía que las redes eran otra cosa… Sé que no y por eso hace mucho que evito a ver según qué comentarios, pero eso no quita la tremenda lástima que me da tener que advertir a mi hijo adolescente de lo que hay por aquí y que mucha gente que te saluda por la calle y es buena vecina, amiga, etc, en redes puede ser una cretina, y es lo más normal. Un asco, la verdad, pero es lo que hay.

Escrito por Luna Purple

 

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