Los Hombres que Se Quejan de Estar Solos
Últimamente se habla bastante de la “epidemia de soledad masculina”. Como hombre que no comparte este concepto pero lo entiende, he querido repasar las claves de este movimiento reaccionario.
Vivimos en una sociedad que a veces puede ser difícil de navegar. Nadie nace aprendido y el encontrarse y entenderse es un proceso de actualización constante. Yo mismo he podido sentirme abandonado en mi adolescencia. No tuve amistades reales hasta más adelante y tampoco tuve demasiado éxito sexoafectivo en esta etapa. Quiero hablar de este tema alejándome de la idea de “culpabilidad” y asumiendo la “responsabilidad”.
Más allá de respuestas reaccionarias como el movimiento “Incel” o la caspa que se acumula en rincones oscuros de Internet como Reddit o Forocoches, quiero indagar en el caldo de cultivo que ha favorecido esta situación.
Mientras hay hombres que se quejan de su soledad, hay mujeres que lamentan la falta de hombres adecuados. ¿Dónde está el problema? Solemos asumir que las mujeres maduran antes, psicológica y emocionalmente. Esta postura parece evidente cuando examinamos el fenómeno de la “soledad masculina”.
En general, las mujeres saben mejor cómo regularse emocionalmente y comunicarse asertivamente. El siglo pasado las expectativas en una pareja podían ser muy distintas. En la actualidad, muchos hombres no han sabido adaptarse. Es común en la población masculina no querer comprometerse o no sentirse capaces de ello por no actualizarse. No hablo solo de la exclusividad en parejas monógamas, sino del esfuerzo y el trabajo emocional que implica una relación de pareja. Hace falta cierto grado de autoconocimiento y una dedicación importante hacia la pareja para que esta funcione, independientemente del género.
No son pocos los tíos que rechazan ese trabajo emocional por varios motivos. Muchos se han anclado en expectativas y privilegios patriarcales. Otros desisten del esfuerzo por bloqueo, pereza o egoísmo. En una sociedad que nos invita a mirar por nosotros antes que por los demás, muchos han trazado su propia zona de confort mediante medios de gratificación más asequibles. Las relaciones casuales, la pornografía, los videojuegos como evasión y diversión o el estoicismo de gymbro, ofrecen el ratio ideal de satisfacción y esfuerzo que muchos jóvenes están dispuestos a asumir.
Nadie regala nada, y ante un panorama socioeconómico complicado, muchos tíos prefieren invertir “en ellos mismos”. El entrenamiento, el emprendimiento y la gratificación sexual sin compromiso les parecen buenas inversiones hasta que se sienten solos.
La masculinidad tóxica tiene una nueva generación. El perfil de hombres y chavales que mira antes por su ombligo, suele refugiarse en la subcultura “Incel”, acusar a las mujeres de “exigir demasiado” o incluso calificar a los hombres con responsabilidad afectiva de “pagafantas” o “soyboys”.
Esta nueva ola reaccionaria machista también se ha visto impulsada por figuras mediáticas. Influencers, youtubers y streamers son para muchos jóvenes los modelos a seguir para alcanzar el éxito. No solamente las figuras masculinas respaldan esto. También se está popularizando el fenómeno en redes sociales de las “Tradwives”. Defendiendo los roles de género tradicionales y renunciando a avances del feminismo, ofrecen una versión “coquette” y “aesthetic” de la infame “Guía de la buena esposa” franquista.
El patriarcado estigmatiza la vulnerabilidad y sensibilidad en los hombres, cuando debería ser al contrario. No podemos aspirar a relaciones de igual a igual si no aceptamos las partes comunes en todos nosotros y sin ofrecer una reciprocidad.
Como hombre sensible, o como diría el Fary “blandengue”, he podido constatar en mi círculo de amistades masculinas el tabú de expresar tus emociones. He llorado unas cuantas veces delante de mis amigos y siguen siendo mis amigos porque no me han visto menos hombre por expresar mis frustraciones y emociones. No podemos destinar toda nuestra carga emocional a la ira o a la pasión, somos humanos, no estereotipos.
Hasta que entre los tíos no podamos hablar con naturalidad de nuestra experiencia emocional sin ser tachados de homosexuales por algún machirulo, no podemos rasgarnos las vestiduras si nos sentimos solos.
Ellas se quejan de la falta de candidatos decentes y ellos se quejan de lo solos que se quedan.
Quiero rescatar el trabajo de Charles Darwin y su teoría de la evolución para tratar esta disyuntiva. La selección natural habla de la “supervivencia del más apto”, algo que el patriarcado ha modificado refiriéndose a la “supervivencia del más fuerte”, dando tintes eugenésicos a la genética.
La supervivencia del más apto hace referencia a la capacidad de adaptabilidad. En un entorno cambiante, los sujetos más capaces de adecuarse a esos cambios, tienen más posibilidades de continuar la especie. Esto difiere del concepto del “más fuerte”. Viviendo en sociedad no hay necesidad de cazar mamuts ni sacudirse a garrotazos, José Manuel. Lo que hace falta es trabajar en uno mismo y mantenerse abierto y receptivo a los cambios e inquietudes que nos toca vivir.
Javier Vaquerizo


