Mi suegro siempre ha estado cascao de cadera, rodillas, diabetes… mi suegra también tenía lo suyo, aunque era más mental que físico. Aunque estamos a 150 km de distancia, íbamos religiosamente cada fin de semana a apoyarlos con lo necesario.

Mi suegra ingresó un lunes de madrugada y mi marido y yo nos pasamos las siguientes tres semanas haciéndonos 300 km diarios para dormir en el hospital por turnos. Cuando volvió a casa, estaría encamada de forma indefinida y en etapa terminal.

Para mi suegro fue un choque de realidad, pero para nosotros también. Mi marido propuso pedirse una excedencia para poder cuidarlos, pero, siendo de forma indefinida, no teníamos claro cuánto tiempo necesitaríamos. Una excedencia de 3 meses podríamos asumirla, pero más nos traería muchos desajustes económicos. No teníamos otro tipo de cargas y el piso estaba a nuestro nombre (era de mis suegros, por lo que sentíamos que se lo debíamos, además de por ser familia), pero sí teníamos un par de préstamos entre coche y reforma de casa.

Mi marido y yo trabajamos como administrativos en la misma empresa y decidimos solicitar una reunión para comentar la posibilidad de teletrabajar y acudir a la oficina siempre que lo requiriesen, de hacer cambios de jornada en los turnos que nadie quiere, hacer media jornada presencial y media en casa… También comentó que, si no era posible, él se cogería la excedencia máxima. Finalmente autorizaron el 100 % del teletrabajo a mi marido y, en mi caso, híbrido: haría 3 días de teletrabajo y 2 presenciales.

Tardamos un par de semanas en hacernos hueco en aquella casa y poder tener nuestro propio despacho. Por suerte la casa era grande. Durante toda esta nueva adaptación a nuestras vidas y amoldándonos totalmente a las necesidades de mi suegra, mi suegro solo aparecía para quejarse de que después quería que dejásemos todo como estaba, que él tenía muy bien la casa y ahora estábamos cambiándoselo todo de sitio. Manda huevos.

Iniciamos todos los trámites de dependencia, primero por tener apoyo en casa para los cambios de pañales y aseos mientras trabajábamos, y posteriormente por si, llegado el día, era más práctico tener acceso a una residencia para estar 100 % atendida. En su cabeza, mi suegro solo parecía escuchar «gastos, gastos, gastos».

Al estar en una fase terminal, le concedieron la ayuda del servicio a domicilio muy rápido; en menos de 3 meses tenía el máximo de horas, por lo que realmente estaría atendida para todos los cambios de pañal, aseos e incluso darle todas las comidas sin que mi suegro tuviese que mover un dedo. Por un momento nos planteamos si era buen momento de volver a nuestra casa, a nuestra rutina, y pasar los fines de semana aquí, como hacíamos antes.

Cuando se lo planteamos a mi suegro puso el grito en el cielo: ¿cómo lo íbamos a dejar solo ahí con lo poco que le quedaba a mi suegra? Después de esto hubo varios ingresos reiterados, algunos de una semana, otros de un mes, siempre turnándose mi marido y yo para estar con ella por las noches y al día siguiente continuar trabajando. Mi suegro empezó a exigirnos una cantidad económica por vivir allí, ya que al estar conectados todo el día la factura de luz era más alta. Al parecer, hacer toda la compra de supermercado y estar las 24 h para ellos no era suficiente gasto para nosotros.

Esto ocurrió hace casi tres años. Seguimos viviendo con ellos. Mi suegra supuestamente sigue en etapa terminal. Mi suegro cada día está más quejica con nuestra presencia y con el dinero. Y nosotros empezamos a estar cada día más cansados y más hartos.

A mi suegra la cuidaremos hasta el final, pero mi suegro se irá a una residencia…