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Gordofobia detected: despedido por gordo

Ayer, durante la ronda diaria de cotilleo en facebook me topé con esta publicación de Ainara.

No sé si fueron los siete males de golpe o fueron entrando de uno en uno, pero qué cosa más mala me subió por el cuerpo. ¿En serio, señoras y señores, seguimos sufriendo esto en 2019? Y lo más indignante fueron las formas de despedirlo. Os dejo la captura que ellos mismos subieron en redes.

Y tan pancho o pancha que se queda. ¡Con dos cojones! Pues mira, no sé cómo siguió la conversación pero te voy a decir todo lo que con casi total seguridad Mamut no te dijo:

En primer lugar, no es justo despedir a alguien por whatsapp. Si, por el motivo que sea, no me quieres en tu empresa dímelo a la cara. Quizás sea por lo estúpido de tus argumentos.  Dime que no me quieres por gordo, pero dímelo a la cara. Atrévete a decírmelo mirándome a los ojos. La vergüenza no la voy a sentir yo, la vas a sentir tú. Por desgracia, son muchos los golpes que he recibido por mi peso. Éste no es ni por asomo el más doloroso.

¿Sabes qué? Que hubiera trabajado aquí con ánimo, sonriendo a todo el mundo en todo momento, nunca hubiera tenido un mal gesto ni contigo ni con los clientes. Estoy seguro de haberlo hecho porque me sobra toda la empatía que a ti te falta. No te escudes bajo la mierda de argumento de «no tienes buena presencia». ¿Me puedes explicar qué significa eso? ¿Acaso no voy aseado, con ropa limpia y planchada? Tengo la costumbre de ducharme y peinarme a diario, supongo que como todos. Pensaba que la buena presencia era eso. Ya veo que para ti no. Para ti la buena presencia es encajar en unos cánones obsoletos que nos obligan a estar siempre insatisfechos con nosotros mismos. Nunca será suficiente. Nunca seré todo lo alto, delgado o fuerte que la sociedad desea. Así que puestos a no ser suficiente para algunos, voy a ser suficiente para mí. Tu sigue buscando y ojalá descubras pronto que esto no va sólo conmigo, que a ti también te llegará algún día.

Mamut, cariño, ahora me dirijo directamente a ti. Sé que pronto contarás esto como una anécdota más de todas las que has vivido. Supongo que sabes que no eres el primero (y por desgracia tampoco el último) al que algo así le pasa. La excusa de que el stand es muy pequeño es el típico «no eres tu, soy yo». Así que mira, mejor que haya pasado esto. No merece la pena trabajar para alguien así. Tu sigue adelante, con la cabeza bien alta, y piensa que somos muchos en esta lucha. Que si vamos de la mano los golpes son menos duros.

Piensa que pronto aparecerá alguien que valore realmente quien eres. Que vea todas tus habilidades y capacidades y se sienta orgulloso de tenerte en su equipo. ¡No te rindas!

 

 

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