Tenía un grupo de amigas. No lo sabía muy bien, no era muy consciente de que fueran “mi grupo”, pero la tecnología me lo confirmó: había grupo de WhatsApp.

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Durante años en ese grupo volqué todo lo que tenía (bueno y malo). Compartí lo importante y lo cotidiano y recibí exactamente lo mismo. Era mi compañía y mi apoyo en el bolsillo fuera donde fuera.

Entonces hubo problemas y el grupo estaba muy callado. Al haber arreglado los malentendidos que habían llevado a tener problemas, simplemente creí que las cosas estaban cambiando porque si, por la vida, por el tiempo…

Pero no. De pronto una cuenta una anécdota a medias y dice “esto ya os lo conté el otro día”, pero no. Un “la cita que tenía hoy, ¿os acordáis?” y yo no tenía nada que recordar porque yo no estaba en esa conversación.

Entonces, de compras con una, lee en alto el mensaje de otra, pero cuando lo voy a mirar, yo no lo he recibido. Ella se da cuenta y se pone roja como un tomate. Yo encajo piezas… Hay un grupo B, uno en el que yo no estoy.

La distancia se marca con los silencios y, por mi parte fue absoluto. No diré que fue el motivo de la separación del grupo, porque no fue en absoluto así, pero sí fue una parte bastante traumática para mí donde me sentí vulnerable, traicionada y muy tonta.

Hace un tiempo cree un grupo nuevo para hablar con dos amigas y no andar siempre con una y la otra por separado contando lo mismo. Más adelante agregaron a otra que resultó ser una tía increíble.

Pues bien, ese grupo de pronto se convirtió en mi compañía, mi apoyo en el bolsillo, fuera donde fuera (¿os suena?).

Este grupo está compuesto por 4 mujeres igual de desquiciadas por la vida e igual de inseguras en diferentes aspectos, pero inseguras a fin de cuentas. Todas expresamos abiertamente el miedo a que la distancia (física) nos separe demasiado, a que alguna haga algo sin darse cuenta y se sienta excluida.

Esto viene porque un día el grupo se quedó en silencio. Pasé un día horrible, pues antes de preguntar di por hecho que ya había un grupo B sin mí, que ya se habían cansado de mis cosas… Pero hablé con una y resultó estar exactamente igual.

La suerte que tenemos es que todas tenemos situaciones logísticas similares (familias, trabajos, quehaceres…) y no nos exigimos nada. Es un regalo tenerlas ahí conmigo, pero no puedo evitar esos “recuerdos de Vietnam”, ese pánico a ser excluida de nuevo, a que mis intimidades queden al descubierto otra vez…

Creo que esta vez será diferente. Y no digo yo que no vayamos a distanciarnos jamás, pero si es así, será de otro modo, otros motivos, la vida… Pero las cosas siempre claras y, ante todo, respeto y fidelidad a nosotras mismas y a nuestras compañeras.

Deseadme suerte, el karma me debe mucho ahí.