El masaje con Happy Ending sorpresa 

Esta, es una de esas historias de las que te acabas descojonando de la risa con tus amigas, pero, en el momento, quieres que la tierra te trague. 

Resulta, que hubo una época en la que yo era super fan de las ofertas del día que empresas  como Grupon o Let’s bonus lanzaban.  

Como había de todo tipo, a veces encontrabas un chollo para cortarte el pelo, un menú  degustación en un restaurante chulo o una noche de hotel para hacer una escapadita de fin de  semana. 

El caso es que yo siempre estaba atenta y, en una de estas, vi que ofrecían un bono para un  masaje en un nuevo spa que acababan de abrir en mi ciudad. Entré en la oferta y vi que parecía  un Spa muy sofisticado con un nombre Thai y el masaje que ofrecían era un Lomi Lomi. 

Sonaba relajante y como a mi me encantan los masajes y estaba a buen precio decidí comprar  el bono y pedir cita para esa misma semana. 

Así que llego el día de mi cita y fui toda contenta a la puerta del Spa dispuesta a disfrutar de mi  masaje relajante ya que tenía la espalda bastante cargada de las tensiones del trabajo y me iba  a ir de perlas para descontracturarme. 

Nada más lejos de la realidad amigas… 

Lo primero extraño que detecté fue que, al llegar al Spa, la entrada era toda negra y no había ni  cristalera, ni aparador, ni nada, una pared negra con una puerta negra que parecía la parte de  atrás de una discoteca. Estuve un rato mirando alrededor pensando en que quizá me había  equivocado hasta que vi un pequeño interfono con el letrerito con el nombre del Spa. 

Toqué el timbre y vinieron a abrirme y ahí llegó mi segunda sorpresa.  

Me abrió la puerta un tío que podía ser tranquilamente primo hermano de Dwayne Johnson,  un armario empotrado con un pinganillo que más que un recepcionista de Spa parecía un  portero de discoteca. 

Yo ahí ya me empecé a mosquear…  

Le pregunté si estaba en el lugar correcto y el chico me dijo muy amable y simpático que sí, que  era ahí, me invitó a pasar y me acompañó hasta la sala de espera donde me ofreció si quería  algo de beber mientras esperaba y me dijo que enseguida venía mi masajista. 

Total, que yo me senté allí y empecé a mirar alrededor y sí que era un Spa bien bonito y super  lujoso decorado de forma muy sofisticada y elegante. 

¡Pero ay amigas!  

De pronto, mientras estaba sentada escudriñando el lugar, veo que hay como una pizarra  colgada con la carta de masajes y servicios que ofrecían así que me entretuve leyéndolo. 

Todo iba más o menos bien, hasta que llegué al “Masaje de próstata” y ahí se me cayó la  venda.  

Digo ¡Coño! ¡Esto es un Spa de esos donde hacen masajes con final feliz!

Y justo, en ese momento de clarividencia, aparecía el armario empotrado de nuevo a  anunciarme que ya estaba lista mi sala y que me acompañaba. 

Yo allí más tiesa que un ajo pensando si me estaba metiendo en la boca del lobo y era mejor  salir corriendo o si esperaba a hablar con la masajista y le preguntaba que tipo de masaje había  comprado porque yo estaba confundida. 

Mientras recorría el pasillo, me di cuenta de que allí no había nadie, era un pasillo largo con  varias salas a cada lado, pero no se veía un alma. Yo, que soy de natural paranoica, pensé de  todo en esos 15 segundos que tardé en recorrer el pasillo. 

Cuando llegamos a la sala, me estaba esperando la masajista, que, afortunadamente, era una  chica, así que respiré aliviada y pensé vale, quizá ofrecen los dos servicios, el masaje normal  que he comprado yo en Let’s Bonus y el Happy ending y no tengo por qué alarmarme. 

Por mi paz mental, lo que hice inmediatamente, fue confirmar con ella el tipo de masaje que yo  había contratado, aclararle que yo había comprado el masaje a través de Let’s Bonus y que era  un Lomi-lomi relajante.  

Ella, me confirmó que sí, que era correcto y que estaban haciendo esa promoción para darse a  conocer en el barrio porque acababan de inaugurar el centro. 

Una vez explicado el punto, yo ya me relajé y pensé que todo estaba claro y que no tenía de  que preocuparme hasta que llegó el siguiente descubrimiento… 

Resulta que, cuando entré en la sala y le di un vistazo me di cuenta de que era enorme y tenía  un baño romano, una ducha grande, un tatami en el suelo y un espejo enorme en el techo. 

Ahí ya me volví a rallar y pensé que aquello parecía la localización para grabar una peli porno. 

Total, que me entró el agobio y volví a insistirle a la chica en que yo había comprado un masaje  normal y ella volvió a confirmarme que sí, y me facilitó la típica braguita desechable que te dan  en los centros de estética y me dijo que salía fuera para dejarme que me cambiara y que le  avisara cuando estuviera lista. 

Así que ahí estaba yo, pensando en que ya le había insistido a la chica 2 veces que yo quería un  masaje normal y que parecía estar todo claro así que me dije, pues venga, ¡al masaje que ya lo  has pagado! 

Al principio, todo iba bien, lo típico, te preguntan si estas cómodo, si la presión del masaje está  bien, te ponen el aceite. 

Yo empecé a relajarme y … ¡Pum!  

De repente, la cosa se puso delicada. 

Yo, estaba tumbada y de espaldas en el tatami y, la masajista, se puso sobre mí, como haciendo  un masaje cuerpo a cuerpo. Luego, empezó a masajearme las piernas, mientras me decía que  tenía la piel muy suave y que era un gustazo hacerme el masaje con esa piel.  

A mí ahí ya me saltaron las alarmas y dije, voy a recordar lo de mi masaje “normal”. 

Entonces, para destensar la situación, se me ocurrió darle las gracias por su cumplido y decirle  que yo había ido a hacerme el masaje porque me dolía la espalda, a lo que ella me respondió  que, para eso, iba muy bien la natación.

Jajajajaja 

Imaginaros la situación: yo, tumbada boca abajo en el tatami llena de aceite, ella  masajeándome las piernas de arriba abajo y acercándose peligrosamente a mi entrepierna. 

Total, que yo estaba allí apretando los muslos más que Joan Pradells el día de pierna y se me  ocurrió hacer una maniobra evasiva para ver si dándole palique conseguía reconducir la  situación y no tener que levantarme en seco y parar el masaje, porque, a todo esto, yo, que  además de sobrepensadora nivel Dios también empatizo hasta con las pelusas del pasillo de mi  casa, no quería parar el masaje por si a la chica le llamaban la atención cuando no era culpa  suya, toda era una confusión.  

Le pregunté por el Spa, cuanto hacía que habían abierto, que tipos de masajes hacían, etc. 

Y ahí, fue cuando me explicó que, efectivamente, eso era un centro de masajes con final feliz,  que también tenían masajistas hombres buenorros (ella era un pibón de caerte para atrás) y  que tenían diferentes experiencias en Jacuzzi, en baño romano, en tatami, etc. 

Total, que yo creo que, finalmente, la masajista, ya viendo mi grado de tensión, entendió que  yo no quería el final feliz, que estaba allí incómoda de la hostia y desistió. 

Cuando terminó, yo respiré aliviada, me vestí a la velocidad de la luz y salí de allí escopeteada. 

Lo siguiente que hice, fue llamar a Let’s Bonus y explicarles lo sucedido y decirles que deben  verificar bien las ofertas que hacen porque yo compré un masaje Lomi-Lomi y lo que en  realidad me querían hacer era trajinarme el toto y que aquello no podía ser, que se imaginaran  que yo compraba ese bono para regalárselo a mi abuela y llegaba la mujer y se encontraba ese  percal, que a mi me parecía muy bien que ofrecieran esos servicios pero que deben  especificarlo claramente para que sepas lo que estás comprando y no llevarte a engaño. 

Total, que la chica que me atendió, se quedó impasible y simplemente me respondió como un  robot en piloto automático que recogían mi reclamación y me reembolsaban el coste del bono. 

Y así amigas, aprendí que, siempre, hay que verificar las ofertas antes de comprarlas si quieres  salvaguardar la integridad de tu papo.

 

Happy Gal