Soy una mujer estudiada, me he dedicado a aprender sobre las artes y tengo bastantes títulos que lo acreditan. Además, trabajo en entornos culturales y he consumido muchísima ficción y música en directo, así como espectáculos humorísticos y circenses… En el sector cultural sé mucho, pero aun así no es suficiente para que mi criterio sea válido si no cuadra con la de alguien que se tiene en alta estima en este ámbito, y os aseguro que son gran parte de la población.
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Partamos de la base de que para gustos, colores, y que es algo que no siempre puede ser objetivo: a veces te atrae algo con motivos razonados y otras te encanta porque sí. Pero a día de hoy influye mucho el postureo y un elitismo snob exagerado. Yo no le voy a decir a una graduada en música, con un recorrido académico impresionante, que la música de Mozart es una basura; primero porque es una falacia, la música clásica fue el primer arte abstracto y Mozart es uno de los más conocidos; y segundo porque no pongo en duda a esa preparadísima persona que ha dedicado su vida a instruirse sobre ello.
Pero sí es verdad que, aunque el mejor cocinero de todos los tiempos me diga que el caviar, o el más codiciado manjar del mundo, está buenísimo y a mí no me gusta ¿está mal? No, simplemente a mis papilas gustativas, a mis sentidos y a mis emociones no les agrada la sensación que les produce. ¿Qué pasaría si me aburriera Mozart? ¿Soy peor persona? No. Pero tampoco desacredito la opinión de alguien que sabe del tema, no la elimino de los puntos de vista admisibles porque yo ame con pasión el pop latino que hacen Mau y Ricky.
Se ve mucho más claro en otros géneros musicales: yo siempre he bailar feliz reggaetón y lo he disfrutado muchísimo, pero lo he escondido frente a gente con la que comparto también preferencias más rockeros, punk o metal; y no por vergüenza, porque no sé lo que es eso, sino por pereza al juicio, a tener que aguantar que algo que me gusta es una mierda.
Esta situación se exponenció por mil cuando estudié el séptimo arte. Como culta en el tema, se espera que yo solo disfrute con el cine antiguo y piezas actuales que no son tan comerciales como sagas de superhéroes, comedias románticas y grandes franquicias auspiciadas por titánicas campañas de márketing. Bueno, pues soy humana. He consumido mucho cine y mucha televisión que “tenía que ver” y a veces, en vez de comerme el tarro a muerte lo que busco en la pantalla es entretenerme. Que no digo que no me gusten muchas de las consideradas grandes obras o que no tenga crítica para las producciones de gran calibre y acudimiento masivo, pero mi conocimiento y gusto no valen menos que los de quienes no consumen estas últimas.
Empecé Breaking Bad, y amo a Bryan Cranston por su papel en Malcolm, pero a pesar de ser “la serie mejor valorada de todos los tiempos”, la abandoné porque me aburría y no me generaba nada. Y no por eso creo que la serie sea una mierda, simplemente que no es para mí. Pero cuando amé Juego de Tronos hasta la adicción era una “mainstream” y una “poser”.
Me parece peor fingir que te gusta el cine clásico para tener algo con lo que quedar por encima de los demás cuando hablas de películas o venerar a ciertos directores, que también son comerciales y venden su nombre, pero lo fingen mejor, sin generar un criterio propio. Hay cintas de Guillermo del Toro maravillosas, a pesar de su obsesión con las mujeres que se enamoran de monstruos, pero La forma del agua tiene unos agujerazos de guion enormes… Sin spoilers: ¿para qué sirvió tanto plan si faltaba la llave? Y lo mejor es que entiendo por qué gusta tanto, a pesar de que a mí no lo hiciera.
A veces hay que juzgar desde lo subjetivo, y también desde lo técnico. Hay ficción que amo y sé que tiene errores en producción, guion, dirección, etc., y sin embargo la hay también que es impecable y, sin embargo, no te mueve un pelo. Me he sentido menospreciada en mi ámbito muchas veces, por personas que no han dedicado ni la mitad de tiempo que he dedicado yo a formarme en esto, y aun así creo que sus opiniones son válidas y lícitas (las de cine, no la que tienen sobre mi profesionalidad). Pero lo cierto es que el arte, en cualquiera de sus formas, tiene que provocar emoción y a cada uno nos lo provoca algo diferente… Lo que quiero es que deje de provocarme rabia, y tender a limitarme, tener una opinión que no siempre gusta a los demás.
Dalia Suárez