Seamos sinceras: a primera vista, The Summer I Turned Pretty parece otra serie adolescente más, con triángulos amorosos y dramas playeros de manual. Pero, ¿qué hacemos todas las millennial de treinta y tantos (o cuarenta y tantos) viéndola como si fuera la nueva Biblia? Pues porque no es una serie teen cualquiera: es un viaje en el tiempo. O al menos, está siendo mi viaje en el tiempo particular.

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1. Conrad es nuestro nuevo Leonardo DiCaprio en Titanic

Vale, sí, parte de la culpa la tiene Conrad. Esa cara de sufrimiento existencial, esa pose de “me cargo el peso del mundo pero sigo estando buenorro en camiseta blanca”… es básicamente Leo apoyado en la barandilla del Titanic en 1997. Nosotras ya no estamos para pósters de Super Pop, pero el cerebro reptiliano reconoce el patrón y hace clic.

Esa mirada nena, esa mirada

2. El poder de la banda sonora

Que suene Taylor Swift es obvio, pero lo verdaderamente potente es cuando meten temazos que nos devuelven a la adolescencia. No es solo la canción: es el recuerdo de cuando te ponías los cascos del Discman en el bus para que tus padres no dieran la chapa y te imaginabas que tu vida era un videoclip. La música de The Summer I Turned Pretty no acompaña escenas: te transporta a tu propio pasado.

3. La ingenuidad perdida

Ahora las series adolescentes son todas: drogas duras, mafias internacionales, orgías y un capítulo entero dedicado a la introspección sobre la muerte. Muy bien todo, pero nosotras crecimos con The OC, Dawson’s Creek, Felicity, One Tree Hill… Series donde los mayores dramas eran no entrar en la uni, que te dejara el novio o que tu amiga te robara el flequillo. The Summer I Turned Pretty nos recuerda esa inocencia narrativa: el drama máximo era que no te sacaran a bailar en la fiesta del verano. Y eso, amigas, engancha.

4. El paisaje es otro personaje más

Esas casas de playa, esas puestas de sol, esos partidos de voley en la arena… son un portal directo al verano eterno que creemos recordar haber vivido (aunque lo más parecido fuera la piscina municipal de tu pueblo de Extramedura). Visualmente, es como ver The OC pero sin Marissa dándonos ansiedad.

5. Nostalgia millennial: ese era nuestro mundo

Lo que nos tiene pilladas no es la historia de Belly, Conrad y Jeremiah, sino que nos vemos reflejadas en ese verano que no tuvimos pero que soñamos todas. La serie es fan service para nosotras, las que ahora tenemos canas, facturas y niños que nos piden ver Peppa Pig, pero seguimos deseando un verano infinito con soundtrack de los 2000.

Conclusión

No estamos obsesionadas con The Summer I Turned Pretty porque sea una serie para adolescentes. Lo estamos porque es una máquina del tiempo que nos recuerda a cuando nosotras teníamos 16, a cuando Leo era nuestro crush absoluto, a cuando el mayor drama era si te llamaba al fijo el chico que te gustaba y cogía tu padre.

Y sinceramente, en un mundo lleno de realities de infidelidades, true crime y series donde todo el mundo muere en el capítulo 2, se agradece un poco de ingenuidad adolescente con sabor a nostalgia.

Así que sí: Conrad es nuestro Titanic, el porche de esa casa es nuestro The OC, y nosotras, a nuestros treinta y muchos, seguimos siendo las mismas adolescentes intensitas… solo que ahora con más arrugas y menos paciencia.