Hoy en día, casi toda la información que nos llega y que nos rodea está muy focalizada al tema de tener pareja. Da igual que hayas tenido un gran éxito profesional, que tengas millones de amigos y una vida social increíble o que seas una tía DE PUTA MADRE, que como no tengas pareja, siempre va a parecer que te falta algo ante los demás.

Si es verdad, y tenemos mucho que agradecer a la fuerza que esté cogiendo el feminismo en el mundo entero, que este tipo de conceptos están empezando a ser desterrados y puestos en duda por la gran mayoría de la población, pero si es verdad, que después de arrastrar tanto este tipo de conceptos es lógico que aún queden restos.

Esta idea sigue pesando en muchas mujeres a día de hoy, yo misma me he visto en alguna ocasión presa del miedo por estar soltera a los 30. Y cuando analizamos muchas relaciones que tenemos cerca o las que nosotras mismas hemos tenido o podemos tener en este instante, nos damos cuenta de una cosa.

Hay momentos de la vida en las que miramos a nuestra pareja, y nos damos cuenta que hace tiempo que creció un vacío muy grande entre los dos, que pocas cosas os diferencian de ser compañeros de piso o que os dirigís más veces la palabra para discutir que para deciros cualquier otra cosa.

Pero, llegados a este punto, donde tomamos plena conciencia de que nuestra relación está muerta y enterrada  hace tiempo, donde soy yo la única parte que tira y tira, que se siente cansada y agotada de darse da cabezazos contra una pared, aparece la idea de tomar una decisión que en ocasiones nunca llega.

No paro oír en consulta cosas como “después de 8 años como le voy a dejar, sería tirar el tiempo” ,“toda mi vida gira en torno a él, si le dejo ¿qué me va a quedar?” , “llevamos toda la vida juntos, no sabría seguir sin él”, “tenemos hijos en común, como les voy a hacer eso y romper la familia” y un sinfín de argumentos que nosotras mismas nos damos para evitar tomar esa decisión que tanto sabemos que sería a la larga lo mejor.

Porque no nos engañemos, puede que estés en una relación, puede que incluso lleves media vida con él o viváis juntos, pero eso no te garantiza en absoluto sentirte acompañada y valorada en esta vida.

Y créeme cuando te digo que el sentimiento de soledad es mil veces más intenso a pesar de compartir mi vida con alguien.

El mendigar cariño y atención e incluso amor, es lo más duro y desgastante para cualquier persona, donde finalmente te ves como un trapo que ni se reconoce cuando se mira en el espejo, y que, muchas veces incluso se puede llega a pensar que ni siquiera soy merecedora de ese amor.

Es aquí donde aparece otro de los grandes errores, pensar que estar sola con una misma es algo malo, que le has perdido la batalla a la vida o algo peor, pero créeme cuando te digo que puede ser uno de los mejores momentos para ti y tu autoestima.

Es momento de parar, estar alejada de todo eso que te ha ido devorando a lo largo del tiempo, ponerte a ti en el eje central de tu vida y a partir de ahí, ir tomando decisiones que te llevaran a esa paz y a esa tranquilidad psicológica.

Porque créeme no hay peor sensación en este mundo que sentirse sola, a pesar de no estarlo y que si te encuentras en ese momento de tu vida decirte que no tengas miedo, que pienses en lo que es mejor para ti y lo que necesitas.

No le temas a la soledad, porque siempre y por encima de todo te tendrás a ti misma, que es realmente lo que más necesitas en tu vida.

Cuando te quieras dar cuenta verás que no tener pareja no es sinónimo de soledad, y que hay un sinfín de personas con las que puedes crear una red de apoyo indestructible y que te puede hacer inmensamente feliz. Y desde ahí tener pareja o no será un valor opcional no una necesidad.

 

Aida Vallés Psicóloga especializada en Sexología y Terapia de Pareja

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