Los años de universidad son geniales para conocer gente nueva y ampliar horizontes. Más aún si te vas a una ciudad que no es la tuya y empiezas desde cero con nuevas amistades. En mi carrera, se formó un grupito de personas bastante sociables que quedábamos para hacer todo tipo de planes.

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Además, se daba una coincidencia graciosa: los nombres de todos los chicos guapos, empezaban por la misma letra. Había dos Carlos, un César, un Cristian y otro al que le decían Chandler, lo cual venía genial para no romper esa especie de regla que había surgido que consistía en que, para estar bueno, tu nombre debía empezar por C.

Referente a las chicas, yo hice amistad con una, llamémosla Romina, que era más bajita que yo y más gordita. No es que me importe el cuerpo de los demás, pero es importante para la historia porque creo que hizo lo que hizo porque no estaba cómoda con su aspecto físico. Ojalá viviéramos en un mundo donde todos estuviéramos felices con nuestra apariencia. Al fin y al cabo, lo único que debería ser importante, es estar sana. Pero los complejos existen y, a veces, hieren incluso a otras personas, como es este caso.

Tanta amistad hicimos, que yo iba a su casa y ella a la mía a arreglarnos antes de salir. Como nos teníamos que duchar las dos, yo no tenía reparo en desvestirme delante de ella para meterme en la ducha. Así que ella también conocía mi cuerpo. Parece el inicio de una historia erótica de lesbianas. Pero nada más lejos de la realidad. Además de ser las dos heterosexuales, si seguís leyendo, veréis que la cosa tendría que haber terminado más en una ruptura de amistad, que en un orgasmo.

Una tarde, quedamos todo el grupo para tapear en un pueblo cercano. Tras la comida, nos fuimos desperdigando y, al final, ya éramos solo cuatro personas charlando en un parque: Romina, uno de los Carlos, Cristian y yo.

Como digo, estábamos conversando distendidamente cuando, de repente, Ramona empieza a alabar mi físico. En concreto mis tetas: que si ella las ha visto y son redonditas, que si están muy bien puestas, que si no haría falta que me pusiera sujetador… Yo me dejaba querer. Recordemos que estaban delante dos de las personas más guapas del curso. Uno de ellos, al que se estaba trajinando Romina, me parecía un poco idiota. Pero no hay que ser un cerebrito para estar bueno. Aunque mi intención, si hubiera sido posible, era tener algo con Cristian. Jamás intenté nada con el otro porque, como digo, Romina estaba teniendo algo con él, y yo no soy tan mala amiga. Además, recordemos que me parecía un poco tonto y creo que el sentimiento era mutuo. Pero las palabras de Romina sobre mis pechos me estaban viniendo bien para captar la atención de Cristian, lo cual era de mucha ayuda porque yo no había intentado nada con él todavía.

Romina no paraba de elogiar mis pechos hasta que dijo: bueno, también son bastante peludos.

¿Creéis que me salió defenderme y decir que lo mío por lo menos se solucionaba con depilación, pero que, si ella quería que los suyos no tocasen el suelo con el pezón, tendría que gastarse un montón de dinero? No. Eso habría sido si yo hubiera podido pensar rápido (y si fuera mala persona porque creo que, para meterse con el físico de alguien, aunque sea respondiendo a una ofensa anterior, hay que tener mucha maldad). Lo que me salió fue emitir un gemido de dolor, o de incredulidad.

Romina soltó una risita. Imagino que con ese comentario quería asegurarse de que Carlos nunca sintiera nada por mí y siguiera considerándola deseable a ella. Cosa que era totalmente innecesaria. Así que, se mire por donde se mire, fue un comentario gratuito y cruel.

Yo, inexplicablemente, seguí siendo amiga de Romina un tiempo. El problema hormonal que me hacía tener mucho vello en zonas donde la gente no está acostumbrada a que los haya, se solucionó en pocos meses.

Actualmente tengo varias amigas que considero que son más guapas que yo. Pero nadie hace mención al físico de nadie. Y Romina, como mucho, habrá podido pagarse una operación estética. Pero la personalidad de mierda es más difícil de solucionar. Ojalá lo haya conseguido y le vaya bien la vida. Pero lejos de mí, por favor y gracias.

(Lady Ósea)