Me separé de mi ex después de 18 años juntos, con un niño de 5 años y una niña que todavía no tenía 1. Pese a sus cortas edades, sobre todo de la niña, acordamos una custodia compartida. En el caso de nuestros hijo desde el primer momento, y progresiva cuando la bebé fuera creciendo.
Me sorprendió cuando al año siguiente decidió cambiar de aires e irse a la otra punta del país, porque era evidente que eso hacía imposible la compartida (no hablamos de ciudades distintas, sino comunidades tan distantes que ni siquiera en coche se hacía viable).
Desde entonces dejé de reconocerle: hasta ese momento había sido un padre bastante corresponsable, pero dejó de mirar por el bien de sus hijos.
Parece que había sido yo la que había decidido que se acababa lo acordado, cuando no fue así en absoluto. Tuve que hacerme cargo yo de todas las responsabilidades, de volcar todavía más mi vida para el cuidado y por raro que parezca asumir la parte económica. Pues acepté una pensión de alimentos que no tenía ni pies ni cabeza teniendo en cuenta que iba a ver dos veces al mes a lo niños.
Sé que esta última parte fue culpa mía, porque podría haber peleado por otra cosa, pero en su momento no quise.
Han ido pasando los años y las cosas no se han encauzado. Él ha seguido poniendo pegas a tonterías como qué centro de estudios elegir, a qué oculista iba el niño, o si hacía clase de inglés.
Pero me he cansado y he decidido volver a ir a juicio. Entorpece la vida diaria y no está mirando por el bien de los niños. El crío cada vez es más mayor y se da cuenta… Me da pena, pero es su realidad.
Y es lo de menos, pero encima va de padrazo.
