Creo que la última vez que alguien me dijo guapa, directamente, respondí con un insulto o mandando a paseo. Y no, no me refiero a un piropo o barbaridad dicha por la calle (eso es otra cosa).

Hablo de cómo reaccioné cuando alguien en la intimidad me dijo algo bonito. ¿Por qué? ¿Por qué me sentí mal? ¿Por qué sentí que no puedo aceptarlo? ¿Por qué pensé que lo que tenía que hacer era rechazarlo?

Cuando alguien me dice algo bonito, real, auténtico, inmediatamente, aparece una coraza que no me permite aceptar esas cosas. Lo bonito rebota en mi coraza y lo devuelvo en modo de vergüenza, flechas o insultos. Como si no fuese digna de recibirlo. O como si estuviese mal aceptarlo.

Por supuesto, no quiero que lo único que se diga de mí sea eso. Pero, ¿por qué está mal sentirte halagado si alguien te dice algo así? ¿Y habría reaccionado igual si hubieran alabado otra cosa de mí? Respuesta: no.

Es extraño como por una parte buscas estar guapo (en primer lugar para ti, claro) pero está mal visto que lo aceptemos. ¿Por qué nos hacemos esto?

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El mundo, la rutina, la sociedad, ya son suficientemente duros. Vemos atrocidades en el telediario. Lloramos al leer el periódico. Y, muchos días, nos vamos a dormir con el alma amoratada. Por favor, busquemos las cosas bonitas de este mundo  demasiado feo y triste a veces.

Sí, de la sociedad recibimos mensajes en los que se pide  que seamos bellos, guapos. La búsqueda de  una perfección inalcanzable. Algo irreal y fantasioso. Pero no es de esa belleza de la que hablo. No hablo la belleza del país de Photoshop. Hablo de ver lo hermoso en el mundo real. Hablo de mirarme al espejo y aceptar que a alguien le puedan parecer bonitos mis dientes separados y que me empiezan a salir arrugas pero son bellas porque nacen de reír.

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Porque unas pecas por la espalda pueden ser constelaciones para alguien. Porque puedo enamorarme de un tic o de un TOC. Porque las estrías pueden ser caminos en mapas maravillosos. Porque ver cómo se achican los ojos de alguien cuando se ríe puede ser lo más hermoso que aparezca ante mí en todo un día. Veamos las cosas hermosas que nos envuelven. Dilo, digámoslo. Aprendamos a aceptar la belleza que nos rodea (también la nuestra) en este mundo demasiado loco, demasiado feo. Ya he empezado a decir las cosas bonitas de los demás. Y sí, se giran y dicen que no. Lo rechazan. Pero lo volveré a decir hasta que lo acepten. Hasta que vean lo bonitos que podemos ser para alguien, para el mundo, para uno mismo.

¿Cuánto tiempo sin que lo digas a alguien?

Shea Glover decidió decirlo y grabar las reacciones de la gente (lo que lloro con este vídeo, no lo sabe nadie). Y sí, me identifico con alguna de las reacciones pero voy a empezar a cambiar. Ya estoy en proceso.