El domingo quedé para merendar con una gran amiga mía. Mi amiga está gorda. No, no la estoy insultando, es una realidad. Según la Real Academia Española una chica gorda es una persona de abundantes carnes, abultada y corpulenta. Por lo tanto, mi amiga está gorda.

Eso es lo primero en lo que se fijan la mayoría de las personas cuando ven a mi amiga por primera vez. Yo, sin embargo, veo una chica preciosa (que lo es) con una cara muy dulce, una personalidad arrolladora, un punto muy sexy y un estilazo que ya lo quisieran muchas otras. Pero la sociedad actual ha decretado que la cualidad que más destaque de mi amiga sea que está gorda. Y además con el añadido de que, a causa de esta cualidad, no pueda encajar en muchos de los ámbitos de dicha sociedad.

«Gorda» ha dejado de ser un adjetivo calificativo. Hoy en día es un insulto. «Delgada», que es exactamente lo opuesto, sin embargo no lo es. Incluso puede ser un halago.

Se utilizan palabras como «rellenita», «grande» o «de complexión fuerte» con ánimo de no ofender, porque la sociedad ha decidido que no se puede estar gorda. Pues sí, amigos, sí se puede. Y se puede ser arrebatadoramente sexy con unos kilos de más como lo es mi amiga.

amiga gorda

Estar gorda ha marcado su vida, como la de muchas otras personas en su situación. Estar gorda ha enmascarado otras muchas cualidades maravillosas que ella tiene porque no se atrevía a mostrarlas. Ella quería pasar desapercibida. Quería ser otra persona.  La gente puede llegar a ser muy cruel así que, cuanto menos noten tu presencia, mejor. Más posibilidades tendrás de no salir magullada.

Pero eso ya terminó.

Vino guapísima a la merienda, como siempre. Me contó que estaba yendo muy en serio al gimnasio y que el deporte, además de para sentirse mejor físicamente, le estaba ayudando mucho a fortalecer su autoestima, porque la constancia y conseguir una meta que se había marcado le hacía sentirse mejor consigo misma. Y también me contó que se había acostado con un chico que estaba TRE MEN DO (doy fe de que lo estaba), además de ser un tío muy interesante.

«Pero mira, no le voy a llamar», me dijo. «Paso de estar pendiente de nadie, ya me llamará él si quiere. Estoy muy bien conmigo misma ahora Miguel, estoy empezando a quererme de verdad. Estoy en proceso de construcción de una nueva yo y no quiero que nadie me maree en el camino. Me he dado cuenta de que cuando tú estás bien, deja de importarte si te llaman o no te llaman y lo que piensen los demás de ti, y empiezas a creerte de verdad lo que vales, que es mucho, y a darte cuenta de que son las personas que no supieron ver eso en mí las que se lo perdieron.»

Y esto que debería ser obvio y fácil para todo el mundo no lo es tanto para personas como mi amiga. Tienen que echarle muchos huevos a la vida y muchas ganas al día a día para creérselo de verdad y para quererse ellas mismas más de lo que la sociedad les dijo que deberían quererse.

Las personas gordas son sólo un ejemplo de las muchas que tienen que lidiar con esto cada día. Porque a lo mejor no eres gorda, pero eres muy bajita, o tartamuda, o tienes la nariz demasiado grande, o un brazo más corto que el otro... Sea cual sea tu complejo agárralo fuerte por los pelos y tíralo a la basura, porque ese complejo no es malo en realidad, es parte de ti y es parte de lo que te hace ser quien eres, le pese a quien le pese. La sociedad ha marcado unos márgenes de los que no te puedes salir si quieres encajar y ser aceptado. ¿Pues sabes lo que te digo? Que a la mierda esos márgenes. Y a la mierda los complejos. Que mi amiga es preciosa y la quiero, y lo que es mejor aún: ella también se quiere.

Ya es hora de cambiar estos cánones, amigos. Si empujamos todos en la misma dirección tarde o temprano le daremos la vuelta. El mundo necesita más personas como mi amiga, y menos márgenes estrechos.