Dejalo estar. Vas a meter en un lío a toda tu familia, a enfrentar a tu madre con sus hermanos, y todo por un capricho tuyo. Independientemente de lo que diga un tasador u otro, los propietarios pueden poner a su vivienda el precio que quieran. Si de verdad tiene un gran valor (sentimental, por su gran tamaño o por el motivo que sea), paga lo que te piden; si no, cómprate otra y ya está.