Yo con mis mellizos me echaba una muselina por encima, y me las ingeniaba bien para que nadie me viera nada. Me daba la vuelta si estába en una mesa rodeada de gente engachana al niño y me echaba la muselina.
Y no es por qué me mirara nadie, es porque yo soy muy pudorosa. A mí por mucho que me dijeran que eso era normal yo me sentía más tranquila, más segura de esa manera. Y sobre todo cuando había gente delante, porque en mi casa con mi marido o mis padres no lo usaba.