Tu hermana tiene toda la razón, y hay una razón por la que ella casi no la ve: tu vida, no la quiere.
Pídela consejo a ella y escuchala, empieza a hacer planes repentinos, aunque sea paseos, y «olvidarte» del movil. Repite hasta que tu madre se dé cuenta de que no funciona tampoco la rabieta que tendrá y que cuando empiece con los lloros de pobre yo que mala tú, el teléfono se va a cortar o te has acordado de repente que tienes que cepillar a tu rebaño de unicornios.