Soy tú. Al menos en cómo te sientes por el hecho de que tu novio vea porno y además lo oculte. En la desconfianza. En la inevitable y terrible comparación con las absurdamente perfectas actrices.
Por cómo te describes, me gustaría dibujarte. En mi cabeza eres bella. Yo no sé qué soy, no lo tengo muy claro. Mis medidas no distan mucho de las tuyas (algunas coinciden con exactitud). Mi piel es pálida y huyo del sol por gusto. Si el contraste entre tus zonas bronceadas y las ocultas te molesta, es algo evitable realmente. Pero puedo entender que no te interese embadurnarte a diario en protector solar, usar ropa más cubriente si te expones al astro rey, gafas, sombrillas, evitar ciertas horas de máxima radiación, etc. (aunque, por salud, te animo a hacerlo).
Igualmente me quitan años (me acerco a tu edad) y mis ojos son oscuros. Y apuesto mi mioma a que en ojeras no me ganas. Envidio tu pelo casi negro. A veces me siento bella. A veces, un monstruo que no debería dejarse ver. ¿Qué soy? Creo que ambas cosas. Que ni tú ni yo somos perfectas. ¿Y qué? Y nada, pero nos comparamos con MissAlice y con HopeHeaven y, por mísera e imperceptible que sea nuestra imperfección, termina por extenderse de tal manera que la metástasis de horripilancia subjetiva y distorsionada nos destruye antes siquiera de acercarnos al espejo.
No me pareces objetiva ni mucho menos subjetivamente fea, francamente. Al menos por la detallada información que aquí has vertido. Y gracias por vertirla (toda, no solo la referente a tu apariencia). Un texto nunca es demasiado largo si resulta interesante de leer. Seguiría con el mío, pero estoy agotada e insomne.