En primer lugar quiero decirte que siento mucho lo que estás viviendo.
Yo he estado en la misma situación que tú mujer. Hace años fui la mujer casada que era incapaz de tocar a su marido. Realmente en aquel momento yo estaba convencida que se me había muerto el deseo, que ya no tenía libido, era incapaz de tener relaciones sexuales con él y se me hacía un mundo las pocas veces que las tenia. Sentía que le quería, que teniamos una familia normal, y que era yo que había perdido el deseo.
Pero no era verdad. Empecé a ilusionarme con otra persona y fue mutuo, y empezó un coqueteo que me devolvió la ilusión, las ganas, y se me despertó todo aquello que creía dormido. En ese momento no quise darle la importancia que tenia, no quería ver la realidad. Quizá de fondo estaba el miedo egoista de perder esa nueva sensación, a esa persona (que también estaba casado), y me conformaba con las migas que obtenía porque después de muchos tiempo estaba viviendo otra vez. Te lo estoy explicando lo más sincera que puedo. No excuso mi comportamiento, estuvo mal, y sé que nunca más volverá a ocurrir porque llegado el caso, lo detectaría y lo evitaría. Se siente como un renacimiento de sensaciones olvidadas pero en verdad es un parche a una vida familiar que no funciona, y en el fondo un año sabe pero el sentimiento te ciega. En mi caso, lo que me ocurrió fue que me enamoré de esa nueva persona. Hacía tiempo que no estaba enamorada de mi marido. Le tenía cariño como padre de mis hijos, pero se habia terminado el amor romántico, el deseo, y todo lo que implica. Él se enteró de mi aventura. Me preguntó cuánto más habría durado si no se hubiera enterado, y la respuesta es que habría durado todo lo que hubiera podido. Porque ese sentimiento de interés, mariposas en el estomago, deseo, el sentirrse deseada, todo eso es pura adicción y no veía el momento de ponerle fin. Cuando mi marido se enteró, quiso que lo arreglaremos y yo me esforcé… Pero es cierto que era incapaz de desearle. Me di cuenta que mis esfuerzos estaban enfocados en mantener la familia y nuestra vida con los niños, el no enfrentarme a pagar una vivienda yo sola y todo sola, al bienestar. Pero no a sentir lo que no sentía, no a recuperar la chispa, eso me parecía imposible. Y efectivamente no pudo ser, ya hace años que nos divorciamos. Sinceramente, no creo que ninguna terapia hubiera podido hacer que volviera a desear a mí marido. Puedes sacar voluntad de debajo de las piedras, pero el deseo es algo espontáneo. En mí caso, aparece con el enamoramiento y si dejo de querer, se esfuma. Quizá a tu mujer le ocurra igual. Que ya no te quiere, que está aferrada a la vida familiar que tenéis y que es tan duro romper. Quizá está dándose cuenta de todo ello con la aparición de la aventura con el compañero de trabajo. No parece que se vaya a arreglar y tener la vida que tú querrías, y que te mereces. Quizá antes de divorciarte podrías intentar el diálogo, pero como te digo, no es solo cuestión de voluntad. Donde no hay no se puede sacar mucho.
Por cierto! Ambos estamos casados de nuevo con otras personas y compartimos custodia, y tan felices.
Mucho ánimo y suerte.
Respuesta a: Ya no me apetece
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Silvia
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