Yo tuve una perra desde la niñez hasta la vida adulta. Éramos uña y carne. Tal que cuando no estaba en casa, ella lloraba en la puerta llamando por mi nombre «Arrrruuuuuuuuu!!!!».
Cuando se fue, y se murió ya mayor, caí en depresión durante dos años. Así que, me subo al carro y te mando un abrazo muy, muy grande. Lo siento mucho.