Èl me prometía que vendría a las dos. Me dejaba plantada, y cuando le llamaba mosqueada: yo hacía al pobre venir a mi casa a recogerme en lugar de dejarle descansar.
Va con su padre a hacer un recado y “volvía en 30 minutos”, y no se le veía el pelo: vaya bronca le eché por ir con su padre un rato.
Me cocinan hígado y me lo como por educación dando las gracias: es que soy una exquisita, vaya cara puse con la comida que me pusieron por delante.
Dejo de ir con su familia porque paso de tonterías: no quiero hacer vida familiar.
Él eligió a su familia. Si hubiera cumplido con su palabra la mayoría de las veces, supongo que yo también lo habría absorbido.