Invitar a mis amigos a una fiesta y a quedarse a dormir, supondría para mí un esfuerzo enorme como anfitriona.
Estar pendiente de todo el mundo, y de lo que necesiten en cada momento.
Aparte del sufrimiento que comentas por si se estropea algo. Soy cuidadosa y me gusta que la casa esté impecable. Tengo bastantes normas de puerta para adentro.
A mí no me compensaría organizar ese tipo de fiesta en mi casa.
Sin embargo, sí estaría dispuesta a barbacocoa, comida y/o cena en el jardín. Y al acabar, cada mochuelo a su olivo.
Pienso que una casa rural es terreno neutral, y que todo el mundo entiende que así nadie se da la paliza como anfitrión.
Si os funciona, ¿por qué cambiarlo?
Nunca se termina de conocer a nadie, tampoco a la pareja.
Tranquila, que si surgen más incompatibilidades, os podéis separar y vender la casa.
Se trata de que los dos encontréis el punto en el os podéis sentir bien.