La comodidad es muy incómoda.
Las relaciones evolucionan y se transforman, por supuesto, y los sentimientos amorosos también, y se pasan etapas, pero yo desde luego no quiero estar dónde no hay deseo, ni alegría, ni entusiasmo y complicidad por el mero hecho de estar juntos. Con mi pareja no he perdido eso, y mis padres que llevan más de cincuenta años juntos, tampoco.