Vivimos en una sociedad donde el verdadero escándalo no es que alguien cobre una ayuda, sino que tantas personas trabajen jornadas enteras y aun así no lleguen a fin de mes. En lugar de señalar al que sobrevive como puede, deberíamos centrar nuestra indignación en que no todos tienen acceso a un empleo digno, estable y bien remunerado. Si alguien cobra una ayuda y encuentra un trabajo en negro, tal vez el problema no sea esa persona, sino un sistema laboral que no ofrece sueldos justos ni oportunidades reales. La verdadera trampa es hacer creer que el problema son los que reciben ayudas, cuando en realidad lo que deberíamos exigir todos es que nadie tenga que elegir entre la legalidad y la supervivencia.