Estamos hartos de oír que quien cobra una prestación es porque la necesita, porque no puede trabajar por algún motivo físico o psicológico, o porque no tiene suficientes ingresos como para sobrevivir. Yo quiero creer que la mayoría de personas que cobran alguna ayuda por parte del estado es porque deben cobrarla, me niego a pensar que no se estudie bien cada caso en particular para que la obtengan. Pero, estoy totalmente en contra de aquellas personas que se aprovechan del sistema para poder vivir mejor que los demás trabajando menos que nadie, porque estas ayudas salen de los impuestos que pagamos todos aquellos que hacemos las cosas bien y nos partimos el lomo todos los días para llegar a fin de mes.
Todos tenemos claro que si supiéramos de alguien que estafa al sistema cobrando lo que no debe, si somos de los que nos hierve la sangre cada vez que vemos un caso de esos, lo denunciaríamos y no nos quedaríamos callados. Pero, ¿qué pasa cuando esa persona que engaña es un familiar nuestro? ¿O cuándo es una de nuestras mejores amigas? Pues evidentemente, no hacemos nada.
Es cierto que no debería meterme en la vida de otras personas y que cada uno se saca las castañas del fuego como mejor sabe, pero cuando es alguien cercano y te lo cuenta abiertamente, te gustaría poder proclamar a los cuatro vientos que dicha persona nos defrauda a todos, porque es algo totalmente injusto. Sin embargo, sabes que no lo harás porque ella confía en ti y es íntima amiga tuya.
Este es mi caso, una de mis mejores amigas está cobrando una ayuda por una enfermedad que le impide trabajar. Nunca me ha dicho que no sufra dicha enfermedad, ni que haya fingido en el transcurso del paso por diferentes médicos que han evaluado su caso, lo que sí me dice y se jacta de ello muchas veces, es que ya no siente las mismas molestias de antes y que puede trabajar, pero que ha encontrado un empleo en negro, porque no quiere que le quiten la ayuda. Así pues, esta amiga mía trabaja igual o incluso menos que un ciudadano con un sueldo medio, pero cobra mucho más que la mayoría de trabajadores porque tiene su paga y su sueldo.
Diréis que lo que siento es envidia y bueno, puede ser que sí, evidentemente que una persona trabaje las mismas horas que los demás o incluso algunas menos, pero cobrando casi el doble, me genera un tipo de envidia que sería sana si fuera porque viera que se ha esforzado, que tiene un buen trabajo, y que nadie le ha regalado nada. Pero sabiendo que parte de mis impuestos van para subvencionar su ayuda cuando se ríe de todos nosotros, me genera un malestar que no sé si podría llamarse envidia, decepción o rabia.
No sé si siento decepción hacia ella o hacia el sistema, puesto que creo que no se revisan como se debería aquellos casos de personas que cobran ayudas desde hace muchos años. Repito, entiendo que las pensiones están para esto, para la gente que las necesita, y no tengo ningún problema con ello ni con ayudar a los más necesitados. Lo que me genera angustia es ver como hay gente que se aprovecha del sistema y, en el fondo, se están aprovechando de todos los que somos legales.
Es mi amiga, así que no me sirve el consejo que se da muchas veces de que si conoces a alguien que se aproveche de las ayudas deberías denunciarlo, a una amiga no la vas a denunciar, es evidente, o al menos yo no sería capaz de ello. Si alguna vez sabemos de alguien que opera de este modo y lo sabemos con certeza es porque ese alguien es muy cercano por lo cual no vamos a denunciar su caso; por lo tanto, solo me gustaría que los ciudadanos no se aprovecharan del dinero público porque va en perjuicio de los que no lo hacemos.
