A una madre no se le llora un mes ni dos ni tres. Tú amiga sigue velando y llorando a su madre. Te duele no haber ido al entierro, pero ahora es cuando le puedes demostrar a tu amiga (a la hija de la fallecida) que puede contar contigo. Que puede apoyarse en ti.
No estuviste porque no lo sabías. Pero ahora que lo sabes, ahora tienes la oportunidad de estar ahí para tu amiga en un momento durísimo de su vida. Así que deja de pensar en tí y en tu dolor por sentirte apartada y piensa en qué aún puedes hacer mucho por tu amiga.