A mí me pasaba de jovencita. Cuando era hiperperfeccionista y me miraba al espejo con la escopeta cargada para sacarme el más mínimo fallo.
El primer paso fue librarme de mis complejos, por completo y después empezar a mirarme al espejo, al menos con neutralidad: observar sin emitir ningún juicio. O pensar: no me gustan mis rodillas, pero no pasa nada.
Al final es una cuestión de disciplina mental: no alimentar los pensamientos negativos, dejar de machacarte, dejar de observarte desde fuera.
Quizá te pueda ayudar la terapia.
Te aseguro que se puede dejar de hacerlo y liberarte de eso. Y la cuestión no es pasarte al otro lado y verte como la tía más atractiva del mundo, la cuestión es al menos, dejar de rechazarte. Eso es la aceptación: dejar de rechazarte.