Pues a mí no me das ninguna pena, la culpa es tuya por llevarla.
Todos en esta vida, en algún momento hemos tenido que aprender a decir que no. Y no sabes lo bien que sienta cuando empiezas a hacer solo las cosas que te apetecen, a ayudar cuando te nace y no por obligación.
Podría ponerme yo aquí a quejarme de ti, a ver por qué te tengo que escuchar la rabieta cuando la culpa es tuya por no saber decir que no, ¿los demás por qué hemos tenido que aprender y tu no le pones remedio al asunto? Claro, se vive mejor envenenada y quejándose al mundo.
Pues no. Le dices que no y punto. Fin del problema. Es que mira que es fácil, chica. Y la parrafada que has soltado sin necesidad ninguna.