Buenas! Esta es la segunda vez que escribo. He empezado curro nuevo y, bueno, poco a poco… no quiero enrollarme mucho.
El caso es que siempre me pasa lo mismo: se junta mi baja autoestima con mis inseguridades y con que no sé poner límites. Esto me lleva a mantener distancias, pero sin saber decir que no.
A las dos semanas de empezar, una chica que no conocía me pidió si podía acercarla al bus. Me quedé un poco de piedra, no me dijo ni su nombre ni nada, pero eran las 6 de la mañana y pensé: le dará miedo ir sola. Total, lo típico en mí: “no me importa” y esas cosas. Pensé que se refería a la estación, que no me pilla cerca, pero no: era el bus de la empresa de al lado. Me sorprendió que pudiera usarlo sin trabajar allí, pero la llevé. Son menos de 10 minutos andando, pero bueno, la llevé.
Fue caótico, hay varios buses, mucha gente, acabé conduciendo más y llegué más tarde a casa. Pensé: un día es un día. Al día siguiente la vi por la fábrica, nos saludamos y ya. Pero a la salida, la tenía esperándome en la puerta del coche. Otra vez lo mismo. Sin saber si voy a tardar, o si tengo que ir a otro sitio, y encima su bus sale 10 minutos después del turno. En el coche intenté hablar un poco con ella, pero no daba pie. Un día me decía una cosa, otro día otra. Empecé a pensar que vaya morro tenía, pero bueno, pensé que no volveríamos a coincidir y listo. Pues sí, volvimos. La tía tenía el morro de esperarme. Y cada día una historia diferente.
Resulta que es la mujer de un vecino, amigo de amigos de mi marido. Para él, al parecer, amigo íntimo. Otro que tal: no es mala persona, pero siempre ha tenido mucho morro. Con su anterior pareja ya cortamos relación porque siempre venían a casa, comían, bebían y nunca aportaban nada. No se puede razonar con ellos, no ven nada malo en lo que hacen. Poco a poco, les fuimos dejando de lado.
Bueno, pues esta mujer, semanas después, me vuelve a pedir que la lleve. Yo compartía coche y me pide que le diga a mi compañero que la llevemos. Le digo que eso lo tiene que hablar ella. Ella dice que sí, que él no tiene problema. Pero ¿qué pasa? Que no todos salimos a la misma hora. Y eso, en su caso, es clave. Pues ahí estaba, tan tranquila, esperando. No llegó al bus. Resultado: nos tocó llevarla 40 km hasta su casa. No dijo ni mu en todo el camino. Nos dio las gracias al llegar y nos “bendijo”. (Se ve que eso llena el depósito).
Pensé que no podía superarse. Pero sí. Al día siguiente vuelve a perder el bus y me pide que la lleve tres días “hasta que lo arregle”. Le propongo compartir coche de forma regular y dice que no, que son solo tres días y que nos paga. Spoiler: nunca pagó.
Encima va al conductor del bus a pedirle que la espere. El conductor le dice que no puede. El marido escribe al conductor por Messenger para lo mismo. Le dice que no puede, que es empleado. Y además, ni siquiera trabaja en la empresa, y se ha sacado la tarjeta como si nada. La llevé, otra vez callada, otra vez “bendiciones” al llegar.
Otro día, que supuestamente ella no trabajaba, aparece igual. Estoy tomándome un café y me suelta que si la puedo llevar. Yo no sé qué me pasó, pero saqué todo. La puse fina. Me salió sin filtro, le solté lo de jeta y todo lo que llevaba dentro. Ella ni se inmutó. Me dejó con la palabra en la boca, con una sonrisita que me sacaba de quicio. Me sentí fatal, porque yo no soy así, pero es que fue la gota.
Al día siguiente me entero que ha ido a Recursos Humanos a decir que quiere que yo le lleve, que soy su relevo. ¡Y ahí fui yo a pedir explicaciones! Me dice que ella “no hace mal”, que se busca la vida. ¡A costa de los demás, maja! Le dije si me veía cara de tonta, que si no tenía cómo ir a 40 km, pues que no fuera. Me dice que eso no es cosa mía, que ella “busca el modo”. Claro, el modo es molestar a todo el mundo hasta que alguien cede.
Encima luego dice que todo lo que le dije era racista. ¿Perdona? Tener morro lo tiene cualquiera, de aquí o de donde sea. No va de razas, va de caraduras.
¿Y qué hace el marido? Escribirle al mío para preguntarle qué me pasa. Mi marido le llamó, no contestó porque “iba a trabajar”. Y luego, en el supermercado, nos los cruzamos y como si no nos conociéramos. Luego aún va y dice que yo tampoco he saludado. Mi marido, como siempre, buscando excusas. Que si no nos han visto, que si tal.
Y para colmo, les vemos salir del súper con carro nuevo y dos carros de compra llenos. ¿Perdona? ¿No tienes coche? ¿No puedes pagar gasolina? Pero sí un coche de 30.000€. Yo alucino. Toda la vida dando pena, gorroneando a todo el mundo… y luego esto. Y yo sintiéndome mal. No es envidia, es rabia.
Siento el rollo, pero tenía que soltarlo. Y me gustaría saber qué opináis. ¿Soy yo la exagerada?
(Texto corregido por WLS para mejorar su lectura)