Tengo un hermano con autismo y estudié magisterio de educación especial. En la carrera aprendí que las personas de esta condición DEBEN vivir su vida lo más plenamente posible y, esa vida, no es junto a unos padres. Mi hermano vive en una vivienda tutelada, con sus compañeros, sus iguales (y monitores que rotan por turnos). Nosotros vamos a verle siempre que queremos y mi madre le lleva a casa algunos fines de semana. Dar el paso fue duro, pero mi madre entendió que no era un abandono, mi hermano iba a experimentar su independencia de forma adaptada y, al fin y al cabo, una vida digna depende precisamente de esa independencia. Ahora él es feliz y mi madre también. Nos vemos, hacemos planes juntos, nos queremos y tenemos nuestras vidas propias.
Te animo a que ayudes a tus padres a entender la situación. Cuando ellos no estén, tú hermana pasará su duelo y si, para ese momento, ella comparte su vida con sus iguales, será muchísimo más enriquecedor para ambas. Un abrazo.