Autora, soy mujer y tengo un 70% de discapacidad desde mi nacimiento. Creo que mi opinión te puede ayudar de algún modo (o eso espero).
Confundir asistencia sexual con prostitución es tener una mira muy corta o una gran empanada mental (o ambas cosas mezcladas). Los casos que se han descrito aquí no tienen nada que ver con la asistencia sexual. Son otra cosa y otro debate. Hacer de estos casos excepcionales una norma es retorcer mucho un asunto tan complejo y tan íntimo, del que muchas personas con discapacidad no pueden disfrutar.
Las asistentes sexuales son personas formadas (normalmente antropólogas, sexólogas o psicólogas) en asistir a personas con discapacidad para vivir plenamente su sexualidad. Tienen un código deontológico y está especificado qué hacen y qué no. No siempre se involucran en al práctica sexual, a veces solo ayudan en su desarrollo. En el caso de que ambos miembros de una pareja tengan discapacidad, su función es acompañar y ayudar donde las personas no puedan, siempre desde el respeto y la autonomía. Es decir, tienen conocimientos específicos para ello, no ponen su cuerpo a disposición del usuario y ya está (a veces, ni el propio discapacitado posee nociones de educación sexual y desconoce su propio cuerpo). Hay que leer e informarse un poquito antes de pontificar. En países como Dinamarca, está regulada y subvencionada como un servicio más, igual que la educación o la fisioterapia.
Cualquier persona alfabetizada y con sus capacidades cogntivas intactas puede entender que ser asistente no es lo mismo que ser puta. Ser puta (con sus oscuras derivaciones hacia la trata, las adicciones y la delincuencia) tiene más que ver con la mercantilización del cuerpo femenino, la pobreza, la marginalidad, el abuso y la desesperación económica en muchos casos. Porque la prostitución no se parece al relato soft y almibarado que nos vende «Pretty Woman».
La dimensión sexual de las personas con discapacidad siempre ha sido tabú por cuestiones sociales y religiosas. Da miedo y por tanto, se oculta. Los discapacitados somos siempre héroes o niños. Se nos considera incapaces de gestar, engendrar y cuidar hijos, por lo tanto se nos priva de la esfera sexual de la vida. Además, muchos de nuestros cuerpos no son normativos, por lo que hay que quitarlos de en medio, apartarlos para que no ensucien el canon de pareja heterosexual con dos críos, casa y un adorable perrito. Se nos considera feos, poco deseables, extraños, morbosos. No deseo a nadie de este foro ni una mínima parte de los microdesprecios que yo he sufrido.
Mi discapacidad me permite tener relaciones sexuales estándar, pero no en cualquier postura. He tenido parejas masculinas no discapacitadas. Una escena habitual en al calle es el codazo y el cuchicheo: «Mira él qué guapo es», como si realmente le «correspondiera» alguien mejor que yo. Hay que tener una autoestima de acero para no desmoronarse. Es muy difícil, os los digo desde la experiencia, encontrar pareja siendo discapacitada y que esa pareja te haga sentir cómoda, válida, deseada en la cama. Imaginad ahora que una persona discapacitada tenga un problema más invalidante y no pueda tener intimidad. ¿Por qué no puede haber alguien formado para ayudarle a descubrir y disfrutar esa faceta? Este tema toca lo más vulnerable que tenemos, nuestro cuerpo, y en el caso de las personas con discapacidad, es siempre observado, medido, manipulado, en ámbitos médicos y hospitalarios. Un poco de empatía y humanidad también nos viene bien.
Sobre este tema, un libro y una peli:
-Peli: «Las sesiones»
-Libro: «La resurrección de las monstruas. Asistencia Sexual, entre deseos y placeres» (ed. Imperdible).
A todos los que hablan desde la moralina, les recomendaría leer mucho y hablar sobre sexo con alguien con discapacidad. Un café, una charla e ir dispuesto a escuchar. Más de uno y una se llevaría gratísimas sorpresas.
Un saludo.