Dada mi experiencia personal, mi respuesta es un no rotundo. 15 años llevo casada, dos hijas menores, pagué la mitad de la casa donde vivimos (que mi marido heredó) más la reforma completa, de mi bolsillo. Llevábamos juntos bastantes años, con mucho vivido a mis espaldas, nada podía con nosotros, hasta que algo pudo y vi la realidad: a día de hoy no tengo nada porque no crei necesario forzar el poner mi nombre en una escritura…