Tan viejo como la vida misma, Caín y Abel, o la parábola del hijo pródigo. Yo he vivido una situación parecida, y en mi caso ambos somos chicos, pero mi hermano era muy zalamero y le hacía la mucho la pelota a mi padre. Conseguía de él lo que quería, hasta que un día le dijeron que no. Enfadado, ha estado años sin hablarnos, incluso diciendo cosas muy feas a mis padres, y me quiso poner mí en contra de ellos. Cuanto mejor te portas peor te tratan.