Por cierto y respecto a lo sexy, afortunadamente nunca me faltó quien me viera sexy, aunque socialmente no lo fuese en absoluto.
La única vez que un hombre me sugirió que mi estilo no era muy femenino (con connotación mala), lo mandé a freír espárragos.
Fue una buena redflag que me hizo ver que esa persona no valía la pena.
Actualmente a mi marido le encanto aún gorda y con arrugas en la cara.
Lo sexy está en la actitud, te lo aseguro.