No se trata de no educar a los hijos, sino de no obligarles a dar muestras de afecto físico en contra de su voluntad. Eso no tiene nada que ver con dejar de transmitirles valores, sino todo lo contrario. Obligar a un niño a besar para saludar no tiene nada que ver con el afecto, sino con la sumisión.
A las mujeres también se nos enseñó a dar los dos besitos de rigor por educación a cualquiera que se nos presente, y hemos tenido que aguantar a infinidad de babosos en nuestra juventud hasta que aprendimos, por las malas, a decir que no. Bendita pandemia que nos permitió librarnos de esa invasiva costumbre. Y eso no significa que no seamos cariñosas (yo lo soy, y mucho, con la gente que quiero y que me corresponde), sino que entendemos el valor del consentimiento. Y, en caso de que no fuéramos cariñosas, también tendríamos derecho a no ser invadidas en nuestra intimidad.
Por cierto, el consentimiento es bidireccional: igual que no tienes que aceptar muestras de cariño indeseadas, no las ofreces a quien no las desea, y podría incluso extenderse a otros aspectos de la vida y la convivencia (hábitos de higiene porque los demás no tienen que soportar tu mal olor, al igual que a tú no quieres soportar el de los demás, mascarilla en sitios públicos cuando estás enfermo, porque no tienes que andar contagiando a otros igual que otros no deberían andarte tosiendo en la nuca, respeto a la propiedad pública/de los demás igual que quieres que se respete la tuya…)